Roberto Loaisa Casanova Carta a Rectar (Cap. 14) - Eclipse Lunar Eclipse Lunar

Carta a Rectar (Cap. 14)

Iris estaba alojada en uno de los Torreones del castillo de la ciudad de Thark, estaba enfrente del espejo
vestía un largo vestido rojo de terciopelo, su cuello lo adornada un collar de lustres rubíes colgados de un diamante
que brillaba en su pecho, brillaba como una gran princesa en la gran habitación, tenía recogido aquel pelo rubio en
aquella peineta negra y sus ojos azules irradiaban una gran profundidad en sus sombras de ojo de naranja plateada.

– ¡Toc!- sonó un golpe en la puerta.

Una ligera sonrisa de ilusión salió de su boca y corrió como una pequeña ilusionada a abrir la puerta, sabía ya la persona
que estaba al otro lado y lo que le iba a decir , pero no la importaba, abrió con gran felicidad aquella rústica puerta, delante
de ella estaba un viejo mayordomo, el mayordomo hizo una referencia antes de ponerse a hablar.

– Mi señora, los invitados ya han llegado, debéis de salir cuanto antes, el Rey Rectar va a anunciar sus nupcias con
el general Roque, sin nada mas que decir mi señora me retiro- el mayordomo giró sobre sí mismo y se alejó por el largo pasillo.

Antes de bajar, Iris abrió un cajón que había en la habitación y sacó un trozo de cuerda gruesa que parecía tener unos cuantos años, se deslizó por el pasillo y bajó por las escaleras, allí estaba todo el mundo, todos los invitados al convite, caballeros del Sol haciendo guardia en las puertas, el rey Rectar postrado de pié al lado de la gran mesa del trono, y allí estaba Roque, su futuro esposo al lado del Mismísimo rey de las altas tierras de Tharesia y señor de todos los Ruethianos. Iris se acercó a la mesa al lado Roque y agarrándole de la mano le hizo tocar aquella cuerda antigua, cuerda que le salvó aquella noche de los brazos de la oscuridad, en aquella alcantarilla que perdieron a su amigo Manfred, mientras que el discurso del Rey continuaba, dando halagos a Roque y narrando sus continuos ascensos. Roque e Iris se miraban mutuamente llenos de felicidad, habían pasado mucho tiempo separados después de ese fatídico encuentro, Ella estudió las artes del fuego con los Tharkiitas y Él tuvo que hacer innumerables viajes como caballero de la llama, estuvo asignado como dirigente en distintas ciudades de Tharesia, desde Kell-Abar hasta la maravillosa Torre del Olvido, pero ahora eso no les importaba, ahora lo que les importaba era el presente.

Continuó toda la noche con un gran festín seguido de un Baile de los prometidos, de repente un gran rugido del portón principal
silenció a los músicos y paralizó el baile de la pareja.

– !rey Rectar!- gritó el mensajero a la ve que se adentraba en el gran salón.
– Calma Verim ¿ Que ocurre?- intentó sosegarle el rey.

– Debemos de hablar en privado- continuó Verim con la conversación.

Verim sacó de su bolso un pergamino doblado con un sello azul de hielo mágico, sólo había visto un sello así, antes de la batalla
del sol muerto, Rectar pensó que eso no traería buen augurio, tanto el rey como el Mensajero se apresuraron a la pequeña sala de reuniones que tenía el rey en frente del salón.

– Bueno, mis queridos invitados, sabemos que el rey siempre está ocupado por el bienestar de la ciudad, sigamos con la fiesta- después de este comentario de Roque los músicos comenzaron a tocar grandes melodías y rápidamente la gente comenzó a bailar como si nada hubiera ocurrido.

– Señor esta es una carta con el escudo de Kaeshia- le mostró el mensajero.

Rectar abrió la carta partiendo ese sello de hielo imposible de derretir y comenzó a leer la carta, la carta decía:

Comienza el reinado del terror viejo rey, es hora de los Kaenithas resurjan como única raza, no descuidéis la noche, Kell-Abar ya es una villa muerta en
los abrazos del frio invierno, no hay lugar donde esconderse de mi, apuesto que algún día estaré al lado tuyo sin que te enteres…

fdo: Caballero de las mil caras.

Recthar estrujó el papel y le redujo a cenizas en un soplo de llama.

– Quiero una reunión con el Rey Terem, quiero saber quien es ese caballero, necesito todos los Urs que tengamos disponibles;
no quiero ningún tipo de emboscada- Rectar corrió hacia los aposentos quitándose aquella capa y corona de rey que se había
puesto para la cena.

– Dentro de dos atRues, necesito que Roque dirija una pequeña milicia a Kell-Abar, quiero saber si es solo un aviso o si es
verdad todo lo que me dice este pergamino- terminó con un golpe de puerta de sus aposentos.

-¡Sam!- gritó Iris entusiasmada.

– No te he visto en toda la noche, muchas gracias por venir- le dijo mientras le agarraba las dos manos.

– No me lo perdería por nada en el Mundo. Iris- le contestó Sam.

– Eres increíble, no se como todavía consigues no envejecer- le dijo mirándole de hito en hito.

– Cada uno tienes sus secretos…- contestó Sam con un guiño de ojo.

– Ahora si me disculpáis, tengo que hacer una series de menesteres- Sam Besó en la mano a Iris y le hizo el saludo militar a Roque,
giró sobre sí mismo y abandonó la sala.

Sam cogió el primer carruaje que saliera del castillo y le desplazara hasta llegar a Thet-sun, algo no iba bien, no en la cara
de Sam.

Finalmente llegó a la ciudad, el cochero detuvo el carro, Sam salió del carruaje y le dió unas monedas al cochero; corrío calle abajo, llegó hasta la antigua casa de Manfred, estuvo dando una serie de vueltas con disimulo, hasta ver que en los alrededor no había nadie, deslizó sus dedos sobre el marco superior de la puerta y encontró una pequeña apertura que ligeramente presiono con un dedo, de allí salió una pequeña llave que pronto pudo coger al vuelo, abrió la puerta y entró con cautela; allí estaba todo como se quedó aquella noche, la comida estaba podrida al no haber recogido aquella cena, todo estaba oscuro, sucio y lúgubre, Sam pudo ver un pequeño Candil con un poco de aceite corroído.

Sacó una Yesca y pedernal para hacer fuego, encendió aquel candil y rápidamente subió a la antigua habitación de Syriana, comenzó a buscar un libro antiguo que el marido de la misma le había regalado antes de marcharse de la ciudad de Thet-Sun, era un libro de color azul grisáceo que contaba una vieja profecía de Kae y la destrucción de los Ruethianos, comenzó a buscar debajo de la cama, retiró los muebles, miró en el suelo, cajones, armarios… nada había nada, ni un solo libro, de la ira tiró una pequeña caja de madera contra el espejo del tocador de Syriana, de repente, miles de cristales salpicaron la habitación dejando ver aquel libro azulado, Sam cogió apurado el libro, lo tapó con un pequeño trapo que tenía en sus bolsillos, se asomó por una de las rendijas que había en aquellos ventanales cerrados, observando si había personas en la calle, cuando vio que la calle estaba segura, abrió la puerta y salió corriendo de camino a su casa, allí estuvo encerrado todo el día volviendo leer aquel libro, buscando la página en la que aparecía de la carta del sello de hielo.

  1. anonimo dice:

    Ainsssss k bueno. .un cambio .de lectura..Roque e Iris..amigos de la infancia y prometidos…k bueno. ..m ha gustado bastante..como siempre se me hace poco…..

  2. anonimo dice:

    Bueno tengo una pregunta. .k destino le tienes preparado a Manfred..le veo con Selene..pero. .creo k seria una relación tumultuosa….jajaja

  3. roberto dice:

    Complicado el contestarte ahora eso

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