Roberto Loaisa Casanova Prólogo - Eclipse Lunar Eclipse Lunar

Prólogo

PRÓLOGO        

-¡Manfred, cierra la puerta!- gritó Syriana.

-¡Ya voy mamá!- gritó Manfred desde la ventana.

- ¡Es qué hace mucho calor!- volvió a gritar después de una pausa.

-¿Estás loco?- gritaba Syriana desde la cocina.

¡Con este frío invierno no entiendo cómo estás en traje corto, te vas a resfriar, no quiero que caigas enfermo y tenga que ir a la herboristería de Sam!

Syriana sabía que la herboristería de Sam era la más cara de la provincia, sus resultados eran infalibles. Tanto sus ungüentos como sus pociones podrían resucitar al más putrefacto cadáver, sus productos eran excesivamente caros, nadie sabía de dónde sacaba sus ingredientes. Algunas gentes decían que él era inmortal y había hecho un pacto con el diablo. Sam cumpliría dentro de un mes trescientos treinta años aunque su aspecto parecía el de un joven de veintisiete. Syriana sabía que todo eso era fruto de sus amplios conocimientos de herboristería. Había conocido el elixir para prolongar la vida y eso le hacía ser muy destacado entre la gente importante de la ciudad de Thet-sun. Tenía un niño llamado Bethior, el mejor amigo de Manfred. No había un solo día en que Beth no fuera hacia la ventana de Manfred, tirarle piedras para salir sigilosos a jugar al Thur-hand, un juego típico entre los habitantes de Thet-sun. Manfred, como siempre, esperaba en la cama como si fuera su primera cita, a la espera del primer impacto de la piedra en la ventana.

-  ¡Manfred,  pon la mesa, que es hora de cenar! –  dijo Syriana con un tono más amable.

Manfred ansiaba escuchar esas palabras, puesto que a eso lo llamaba el “toque de queda”, deseaba que le sirvieran la cena, engullir…. y esperar el primer golpe de canto en la ventana de su fiel amigo Beth.

La cena ya estaba puesta, llena de grandes fuentes de todo tipo de verduras, hortalizas y frutas, Syriana tenía que cuidar de Manfred. Padecía una enfermedad de nacimiento por la que no podía comer alimentos picantes, ni de intenso sabor. Su dieta era principalmente vegetariana. Si en algún momento comía  esos alimentos, los primeros síntomas eran grandes quemaduras en la piel, fiebre y vómitos. Nadie sabía de esa enfermedad excepto Sam, él sabía cómo tratarla, llevaba observándole desde su nacimiento.

- ¡Bueno Manfred, espero que te guste!-, le decía su madre entusiasmada.

 

- ¡Claro mamá! –  dijo Manfred arqueando las cejas contestando con una gran sonrisa.

En el fondo, él pensaba que estaba harto de tanto vegetal, deseaba muchas veces un trozo de carne, un bollo con el dulce chocolate de la casa de Verren, pero no quería que su expresión desilusionara a su madre. Manfred empezó a comer con rapidez. Su madre le observaba con disimulo, pero al rato no pudo aguantar más:

- Manfred, ¿qué es lo que siempre te digo?- preguntó.
 
- Que comer deprisa está mal, puede ser malo para la salud- respondió.
 
-Entonces, ¿por qué sigues haciéndolo?- volvió a preguntar.
 
- Ehh, es que hoy Lord Robin me ha mandado muchas tareas en el colegio y tengo que terminarlas – después de estas palabras no hubo más en toda la cena.
 
Cuando Manfred hubo terminado el postre, corrió escaleras arriba hacia su habitación y allí espero sentado hasta la llamada de su amigo Beth. Se postró en su silla enfrente de su escritorio, abrió el libro  de  religión de lord Robin para disimular que estaba estudiando por si en algún momento subía su madre. Comenzó a pasar las páginas sin fijarse ni siquiera en las ilustraciones del libro, muerto del aburrimiento…
 
-  !Cloctz!- una piedra golpeó la vidriera de su habitación.
 
- !Cloctz!- se volvió a repetir el golpe. Manfred salió como un relámpago a abrir la ventana de coloridas vidrieras y allí estaba él, su gran amigo Beth, un joven de cabello fino y largo, de rostro muy delgado y ojos azules. Llevaba unas sandalias de cuerdas muy desgastadas y vestía un gran tabardo de lana gruesa abrochado con una cuerda a modo de cinturón.
 
  Manfred, baja ya, o de lo contrario llegaremos tarde- susurraba Beth para que no le escuchasen.
 
–  Ya voy, tengo que disimular que estoy en la cama, dame un momento – Manfred cogió dos amplias almohadas de paja y las puso bajo las sábanas, simulando un cuerpo dormido en la cama. Cogió una soga que tenía escondida entre la ropa de su armario, ató esa cuerda a una de las repisas de la ventana con forma de dragón y descendió ligeramente por ella.
 
-  ¡Vamos!- dijo Manfred.
 
Los dos se apresuraron por la calle Norte en la noche.
 
-  ¿Están esperándonos en el viejo roble?- preguntó Manfred.
 
-  Si – contestó Beth jadeando.
 
-   Iris y Roque estarán ya jugando, ¿qué te ha pasado hoy?- preguntó Beth.
 
-   Me pasé antes por tu casa, tiré un par de piedras pero no abriste- dijo de forma preocupada.
 
-  Se retrasó mi madre con la cena y no pude subir a mi habitación antes- contestó apurado.
  1. cedequack dice:

    Me encanta el personaje de Manfred, me lo imagino así como un poco picarón y algo mentiroso para encubrir verdades y poniendo esa cara de niño bueno mientras lo dice.

    Sacas a relucir su caracter varias veces y eso hace que enseguida se convierta en el protagonista indiscutible para el lector. Te puedes incluso recrear un poco más en eso para hacerlo más divertido e interesante. Beth pasa a un segundo plano.

    No hay demasiados términos fantásticos del mundo en el que están, eso está bien para no marear.

    Que no haya fallos ortográficos ayuda a hacer la lectura más ligera. Aunque sé que te importa más la historia, es un punto importante.

    • roberto dice:

      Eso me aporta muchisimo. Gracias. Ahora tomo nota de lo que me estas diciendo. Me gustaria que me comentaras cada capitulo. Me ayudas bastante

  2. anonimo dice:

    Después de leer la mayor parte de los capítulos ,recomiendo que los leais ,las personas que visiten este blog,es un buen libro ,y quien sabe si en un futuro no da mas aún de si..es bonito según vas leyendo sumergirse en un mundo de fantasía donde nada es lo que parece…eso es lo que mas me ha gustado,batallas ,romances ,bastante completo si señor..
    Gracias Roberto ,por compartir con personas anónimas dicho escrito

  3. Ana María Cano dice:

    Bueno ,me alegro que hayas pordido recuperar el blog jajaj me veía leyendo a traves del facebook ,menos mal que podemos seguir deleitandonos de este maravilloso libro ,gracias

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