Roberto Loaisa Casanova La Clase (cap. 2) - Eclipse Lunar Eclipse Lunar

La Clase (cap. 2)

-¡Manfred despierta!- gritaba su madre a la vez que le quitaba las sábanas.

 -¿No te has dado cuenta de la hora que es? –pregunto su madre a la vez que fruncía el ceño.

- Lo siento mamá – contestó Manfred medio dormido. Se quitó el pijama, se puso el tabardo, las botas y se las ató tan rápido como pudo, bajó las escaleras a trompicones y  colocó rápidamente a la mesa.

En ella había todo tipo de frutas y un buen cuenco de leche, también había una cesta de mimbre llena de galletas a las cuales Manfred prestó gran atención. Cogió un puñado de ellas, las rompió y las echo directamente en la taza, esperó a que la galletas absorbieran toda la leche y empezó a comérselas con la cuchara. Una vez terminó, cogió la cuerda llena de libros y se dirigió directamente hacia la escuela. Allí estaba Iris esperando a Roque.

- ¿Dónde está Beth? – preguntó Manfred jadeando.

- No lo sé -contestó Iris.

- Creo que está dentro- tenía la mirada distraída.

- Estoy esperando a Roque, se está haciendo tarde y todavía no ha llegado -dijo Iris preocupada mirando al final del camino esperando ver a Roque.

-Bueno Iris, no quiero llegar tarde a clase que luego mi madre me regaña y no quiero que me castigue sin salir -dijo Manfred mientras entraba por la puerta.

Allí estaba Beth, con rostro enojado, pasando hoja por hoja el libro, llegando así hasta el tema que tocaba dar ahora.

-Buenos días – le dijo Manfred en tono amable.

-Hola… – contestó Beth de mala manera.

-¿Todavía estás enfadado por lo de anoche?-le preguntó Manfred a la vez que sacaba el libro y lo abría en la lección correspondiente.

-¿Tú qué crees Manfred? ¿Qué sentirías si realmente te interesara algo y todos tus mejores amigos se mofaran de ti? ¿Qué sentirías realmente…? – preguntó con desprecio a la vez que cerraba el libro de un solo golpe.

-No es eso -contestó Manfred.- Es que eso son leyendas, cuentos de niños, no se…- hubo una silencio entre ellos dos, silencio que rompió el profesor Robin.

-Buenos días mentes sabias- cerró la puerta bruscamente.

-Hoy vamos a hablar de los conceptos, el bien y el mal -de repente se abrió la puerta bruscamente y aparecieron dos chiquillos sofocados, eran Iris y Roque.

-Como ya sabéis no podéis llegar tarde, tenéis como norma que el último que entra en la clase es el profesor- dijo Robin de forma malhumorada.

-Lo sabemos señor -contestó Roque de forma correcta, -la culpa es mía, si me tengo que quedar fuera me quedo yo, Iris no tiene la culpa -se disculpó.

-Los dos os quedáis fuera, son las normas -contestó Robin subido de tono.

Los dos alumnos bajaron la mirada y cerraron la puerta de forma que hiciera ruido.

-Por donde estábamos-preguntó de forma irónica.

-Íbamos a definir el concepto del bien y del mal -contestó Beth de forma continuada.

-¡Ah sí!, el bien y el mal, dos grandes conceptos para poder aplicarlo en esta clase- comenzó a decir Robin a la vez que abría el libro.

-Merth, ¿para ti que es el concepto del bien? -preguntó a uno de los alumnos a la vez que miraba el libro.

En el fondo de la clase suspiró un niño, era Merth, tímido y de clase media. No era muy hablador, por eso Robin casi siempre le preguntaba, porque uno de sus principales objetivos era que Merth aprendiera a ser menos tímido.

 
- Pues señor Robin, para mí el concepto del bien, pues creo que es hacer las cosas bien, como me han enseñado siempre -contestó Merth de forma perdida, como si no entendiera realmente la pregunta.
 
- ¿Me puedes poner un ejemplo?- continuó la conversación el profesor, a la vez que se sentaba en la mesa.
 
-Pues por ejemplo, si mi madre me manda a por pan, creo que está bien hecho ir a por el pan- respondió Merth después de un silencio prolongado.
 
-Tú crees que eso es hacer el bien -preguntó Robin a la vez que cerraba el libro sobre la mesa y prestaba más atención a la conversación.
 
-Sí señor, hago bien porque creo que si no llevo el pan a casa, mi familia no podrá comer. Soy el único que puedo llevar cosas a casa porque mi madre está en una silla de ruedas y no puede caminar, por eso creo que hago el bien porque ayudo a mi madre en todo lo que me pide.
 
-Interesante…-enlazó la conversación Robin.- Y si le dijera que usted ya no podrá pisar su casa puesto que deberá comenzar con un entrenamiento en la orden del Sol -preguntó inclinándose hacia delante, como si le interesara más esa pregunta que el concepto del bien o del mal.
 
-Pues haría lo imposible para que  una persona cuidara de ella y tendría que irme con usted a la orden del Sol,- respondió.
 
-¡Bien!, eso es lo que quería oír  señores, uno de los principales trabajos y que muy pocos llegan a alcanzar es ser un soldado de la orden del Sol. Es el mayor privilegio que una aldea  puede tener. Ahí veis cómo Merth desafía lo que cree que está bien por encima de todo, porque para él lo primero es ingresar en la orden, pero nunca descuida lo que también es importante.
 
Mientras continuaba preguntando a cada uno de los alumnos el concepto del bien y del mal, Manfred y Beth murmuraban entre ellos intentando solucionar el enfado:
 
- ¿Tú crees que estas cosas existen?-murmuró Manfred a la vez que abría una de las últimas páginas del libro.
 
-  ¿Tú crees que estos Kaenitas existen?- preguntó Manfred.
 
-  Mira qué feos son – dijo señalando a la ilustración que tenían en el libro.
 
- ¿De verdad lo crees?-preguntó Manfred de forma preocupada por su amigo creyendo que estaba cayendo en una locura.
 
- Manfred, no sé si mi padre tiene razón o no, pero sé que nunca miente. Siempre ha encontrado solución a todo, siempre está investigando, ha llegado al punto de ser el mejor herborista de esta ciudad, y ahora me encuentro con esto, con un mapa con indicaciones, con las inscripciones -susurró Beth de forma continuada.
 
-  ¿Y si estás tan seguro, por qué no se lo dices a Robin? ¿Por qué no le preguntas si realmente existe esa zona? ¿Por qué no le preguntas si existe lo Kaenitas? -alzó el tono Manfred.
 
 – ¿Estás loco? ¿Qué quieres, que no me crean y que mi padre vaya a la hoguera? Esto me gustaría descubrirlo yo. Sé que mi padre nunca me va hablar de ello, sé que nunca me va a decir dónde está, es más, si supiera que tengo este mapa me mataría. ¿No lo entiendes Manfred? No tiene que saberlo nadie, es un secreto que comparto con vosotros, no pudo poner en peligro a mi padre, sabes lo que opina de lo de la orden del Sol, para ellos esto es una herejía.
 
-¡Silencio!- dijo de forma malhumorada Robin.
  1. txusky21 dice:

    Me encanta el personaje de Beth (aunque al principio pensé que era una chica por el nombre y se me va la mente) y la trama la estás encaminando de forma inteligente. Poquito a poquito. ;)

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