Roberto Loaisa Casanova Syriana (cap.3) - Eclipse Lunar Eclipse Lunar

Syriana (cap.3)

-Todo estaba preparado- se decía así misma Syriana a la vez que inspiraba ese dulce olor a incienso que albergaba en la casa, era mediodía, todo estaba listo y preparado, la casa limpia, velas encendidas y la mesa para comer puesta, toda su atención estaba colocada en Manfred, le había preparado distintos tipos de fuentes llenos de todos tipo de verduras y hortalizas, de postre había preparado un pastel de fruta típico en Thet-sun, mientras observaba toda la mesa con la finalidad de que faltara algo, llamaron dos golpes a la puerta, Syriana corrió directamente a la puerta pensando en la llegada de Manfred.
 
-¿Puedo entrar?- dijo Sam apresuradamente.
 
 – Claro, Sam pasa- dijo Syriana a la vez que daba un paso atrás para poder abrir más la puerta.
 
– Adelante- le dijo haciendo con un mero gesto de brazo. Sam entró rápidamente hacia el comedor quitándose su sombrero de cuero.
 
- Tengo respuestas- dijo Sam.
 
Esta contestación hizo iluminar el rostro de Syriana esperando oír la siguiente frase.
 
- la enfermedad de tu hijo no tiene cura Syriana- dijo Sam con gesto pesimista.
 
Syriana calló de rodillas en el suelo perdiendo las fuerzas y las composturas, rompió a llorar, sus lágrimas empezaron a empapar la alfombra, Sam se mantuvo erguido, sabia que era una mujer dura.
–        Syriana Sabias las consecuencias de esos viajes, sabias que la esperanza iba a crecer y sabias que esto podría ocurrir- dijo Sam a la vez que cogía el sombrero.
 
 Se esperaba que la conversación durara pero no quería alargarlo más, Manfred estaba a punto de llegar y no quería que viera esta escena puesto que un mero golpe de sentimiento le haría empeorar.
 
-Debo de irme Syriana, siento no poder explicarte mas, Manfred está a punto de llegar y la gente puede sospechar, recuerda que estos pueblos están llenos de curiosos, tendrás mas noticias sobre mi- abrió la puerta y antes de cerrarla dijo:
 – Ahh, Syriana, te he dejado dos clases de raíces en dos bolsitas en la estantería, utilizarla cuando empiece  a tener grandes quemaduras en el cuerpo- cerró la puerta y lo único que escucho Syriana era unos pasos alejándose de la casa.
 
 Syriana se levantó, fue hacia la palangana a lavase la cara y limpiarse las lágrimas, se sentó en la mecedora junto a la chimenea esperando a Manfred, pasó unos instante en los que ella se quedó mirando fijamente en la llama de la chimenea cuando dos golpes dieron a la puerta.
 
-¡Hola Mama!- exclamó Manfred a la vez que la daba un fuerte abrazo.
 
- ¿Ya esta lista la comida?- dijo Manfred.
 
-Claro que si corazón- contesto Syriana.
 
- Vamos que se enfría-, los dos se sentaron en la mesa y comenzaron a comer, se creó un pequeño silencio en la mesa hasta que Syriana lo rompió con una alegre pregunta:
¿Qué tal hoy en la escuela Manfred, has aprendido muchas cosas?
-          la verdad es que si mama, hemos hablado del concepto del bien y del mal en la clase de Religión, en arquitectura hoy hemos hecho una especie de torre con piedras, lo que pasa que todavía no la hemos terminado y no te la he podido traer, y…- se puso a pensar como si le faltara decir algo mas…
 
–ah sii, y en clase de holística hemos empezado a hacer un mapa de Thet-sun, la verdad pero no se me da muy bien el dibujar, creo que mañana empezaré a hacerlo de nuevo- dijo de Manfred de forma indecisa mostrando aspecto reacio a hacerlo de nuevo.
 
- ¿Mama, esta tarde puedo ir a casa de Beth? – preguntó Manfred de forma acelerada
 
-          Sabes que sí, siempre y cuando no molestéis al maese Sam, recuerda que también trabaja en casa.- dijo Syriana.
 
 Enseguida escuchó la respuesta de Syriana, Manfred empezó a recoger la  mesa de forma acelerada, una sonrisa salió de Syriana.
–        Manfred, tranquilo, que hay tiempo…- se le quedó mirando levemente dejando atrás los problemas de su enfermedad.
 
-          venga corre vete anda, que parece como si no quisieras estar en casa, yo recojo la mesa- volvió a sonreír pesando que debía dejarle disfrutar de su infancia puesto que no sabría si su Manfred llegaría a ser mayor.
Un estruendo sonó en su oído haciéndole pitar, era un beso de Manfred.
–        gracias Mama, eres la mejor madre del mundo – corrió hacia la puerta, cogió su trinker y salió corriendo calle abajo.
 
Syriana comenzó a recoger la mesa murmurando:
 
–        Mi hijo vivirá Sam, no me cansaré de buscar una cura para él-, cogió unos de sus vestidos largos anaranjados de los miles que tenía en el armario, se colocó una daga rica en joyas y un saco de monedas sobre su cintura y caminó por la calle del oeste en busca de más respuestas, llegó hasta la biblioteca de Thet-Sun, dicha biblioteca tenia veinte pisos, cada piso  estaba custodiado por dos guardias de la orden de la llama, menos los tres últimos pisos que estaban custodiados por un  caballero de la orden del sol en cada una de ellas, cada vez que se sube más en esta biblioteca más antiguos son los manuscritos y a la vez más importantes.
 
Syriana habló con Orthos el primer guardia que custodiaba la recepción:
 
- Buenas Tardes Maese Orthos- dijo Syriana.
 
- Buenas Tardes Señora Syriana, ¿Qué le depara en este sitio?- pregunto Orthos con aspecto intrigante.
 
- ¿Podría accede al piso numero dieciocho por  favor?- pregunto Syriana.
 
-          No puedo otorgarla tal privilegio señora, sabe usted que por su estatus en esta villa puede acceder hasta la planta numero dieciséis- susurró Orthos.
 
–        ¿y esto puede hacer algo al respecto?- dijo Syriana lanzando el saco de monedas de oro.
 
-          Tienes hasta el anochecer- dijo Orthos a la vez que abría el saco para ver lo que había en su interior.
 
 Syriana corrió apresurada hacia el ascensor.
 
- cúbrete con este velo – le dijo Orthos a la vez que subía en el ascensor.
 
- No quiero que ningún guardia cuestione el porqué estas en esa sala. Dos cosas, una, que sepas que accedo porque conocí a su difunto marido en la batalla contra los salvajes  de Reth-Sun  y además claro está que necesito el dinero, y dos, no me hago responsable si te descubren o si rompes algún fragmento de hoja. Al salir, te tendré que registrar de arriba abajo, otra cosa, cuando  lleguemos a la planta nos estará esperando un caballero de la orden del Sol, no digas nada, sólo déjame hablar a mi o descubrirá  nuestras intenciones- dijo Orthos mientras comenzaba a tirar de la cuerda.
 
Syriana era la primera vez que visitaba ese lugar, pero cada vez que subía por cada planta, le parecía impresionante la gran arquitectura del lugar, cada planta era grandes bóvedas soportadas con grandes columnas, cada planta estaba adornada con grandes figuras de los antiguos escritores e incluso había grandes figuras mitológicas todas ellas logradas con gran detalles,  cada una de estas figuras a medida que subían de plantas cambiaban de materiales desde el simple bronce, mármol hasta el oro que era el material usado en las últimas plantas.
- Quédate aquí, y no te muevas- dijo Orthos, mientras se deslizaba a la sala principal, de repente un ruido metálico resonaba en toda la bóveda, un gran caballero salió de una pequeña habitación al lado del ascensor.
 
-          Buenas tardes, Orthos, ¿Qué le depara en esta sala?- pregunto el caballero.
 
 Syriana estaba atónita, nunca había visto un caballero de la orden del Sol, de hecho estaban oculto a la sociedad, simplemente se dejaban ver a personas de alto cargo puesto que ellos realizaban los trabajos más importantes en Thet-Sun. Su armadura era de oro, tenía todo tipo de adornos en forma de llamas, en el pecho tenía una gran sol dibujado y en los contornos de sus rayos estaba lleno de inscripciones de la lengua antigua, su rostro estaba cubierto de un gran casco que ocultaba totalmente su cara, estaba plagado de pinchos sinuosos simulando los rayos solares, su voz era fantasmagórica, como si no fuera de este mundo y su altura era descomunal que abrumaría a cualquier valiente guerrero.
 
 Enseguida Orthos hizo un saludo militar  y empezó hablar en voz baja con él, después de un instante de dialogo Orthos volvió sobre sus pasos, llegó hasta Syriana y dijo:
 
-          No te dejará tocar nada ni estar en esta estancia a no ser que yo te vigile, y aun así el nos vigilará a los dos – Syriana asintió con la cabeza y los dos se desplazaron al interior de la sala.
 
Syriana estaba atónita viendo las cantidades de salas que tenia la gran bóveda, cada sala correspondía a cada clase de ciencias, cogió una escalera  y empezó a buscar en la sección de botánica, empezó a buscar en los índices de los libros relación de las plantas que la suministraba Sam, debería haber un enlace, una conexión, una finalidad, debería tener un enlace de base para seguir investigando, una vez recogido tres libros fue  la sala de medicina y empezó  investigar la sección de curación a través de las plantas.
 
Syriana estuvo muchísimo tiempo unas tres vueltas de reloj de arena que giraba el caballero una vez terminado su ciclo, tenía en su manos unos seis libros  y tres mapas en papiro antiguo que los cogió cuidadosamente, encendió una vela en unas de las mesas de estudio, y se sentó en una silla y comenzó a leer, Orthos estaba bastante aburrido, pensaba que la estancia de Syriana en la sala iba a durar poco pero estaba equivocado, comenzó a dar vueltas por la sala pero siempre a vista del caballero  y de Syriana puesto había prometido al caballero que no la iba  a  quitar el ojo de encima, de repente un tintineo hizo eco en toda la bóveda, Orthos empezó a escuchar unas pisadas finas metálicas detrás de la estantería donde estaba curioseando unos libros de estrategia militar, notó un fuerte respirar y el tintineo cesó, solamente Orthos empezó a oír ese respirar detrás de esa estantería, le empezó a resbalar un sudor frío de la frente, inmóvil intentaba ver entre los viejos libros la criatura que tenía en frente, a no poder verlo empezó a retroceder de la propia estantería de forma horrorizada, de repente un temible rugido seguido de unas rápidas pisadas invadió la sala y de repente el tintineo fue más continuo, la bestia salió del pasillo y se abalanzó sobre Orthos, Orthos no pudo gritar del tremendo terror, le había paralizado el habla, un felino de grandes fauces cuyos colmillos sobresalía de su gran casco, sus ojos destelleaban en la oscuridad como dos soles puestos en pleno ocaso, Orthos tenía los ojos cerrados y solo podía oler el olor nauseabundo a carne cruda que desprendía del aliento de la bestia, su saliva caía como gotas calidas por su barbilla -Reix ath phalamh – gritó de forma alarmante el caballero, de repente el felino saltó del cuerpo de Othos a una mesa contigua
 
.- Disculpad la poca hospitalidad de mi compañero de guardia- dijo el caballero lanzándole un trozo de carne que tenia el caballero en un cuenco- el felino lo cogió al vuelo y se lo engulló de dos mordiscos.
 
 Syriana estaba atónita de lo que tenía a sus ojos, un tremendo escalofrío recorrió su cuerpo al ver ese gran felino de tamaño descomunal, su tamaño superaba la altura de un hombre, su pelo era precioso, de tonos naranjados, era de pelaje rayado, sus rayas eran blancas en contraste al pelaje anaranjado, lo vestía una armadura frontal colosal que le cubría medio cuerpo, sus patas delanteras eran enormemente más fuertes y grandes que las patas traseras, sus patas delanteras estaban cubiertas de una grebas reforzadas de pinchos, su casco parecía una máscara que le cubría la zona superior de su rostro.
 
-          Es, es imposible- dijo Syriana con voz entrecortada.
 
Orthos se incorporó con una dura mirada hacia syriana como haciéndola entender que no volviera a hablar, puesto quería que ella quedará en el anonimato, si la descubrieran los dos serían juzgados y ahorcados en la plaza del pueblo.
 
-          Si, jajaajaja,- contestó mofándose el caballero.
 
-          Creíais que los Urs eran leyendas ¿verdad?- continuo hablando el caballero.
 
-          ¿Es la Primera vez que sube aquí señorita?- preguntó el caballero.
-          Si – contestó en voz relativamente baja Syriana para no levantar sospechas.
 
-          Bueno pues, tu secreto quedará aquí, jajaja- dijo el caballero finalizando en una carcajada que resonó en la bóveda.
 
Syriana volvió a sus libros, pero ya no era la misma atención sobre los mismos, pasó el tiempo y Syriana estuvo más pendiente de ese acontecimiento que de buscar las respuestas que necesitaba.
 
-          Señorita- dijo Orthos.
 
-          Ya es la hora de bajar, la biblioteca va a cerrar- dijo Orthos.
 
 
Syriana colocó todos los mapas y libros cuidadosamente en cada estante y caminó hacia el ascensor haciendo reverencia al caballero, el cual la devolvió el saludo, como era de esperar Orthos la registró de arriba abajo frente al caballero para que quedara constancia de que había cumplido el protocolo, bajaron por el ascensor mirando a aquella criatura, mientras observaban tan bello animal comentó de forma baja Orthos:
-          Recuerda, de todo los visto u oído aquí deberás guardad voto de silencio, cualquier indicio de que alguien no autorizado divulgue esta información será penalizado con la muerte -.
 
Ya había anochecido en Thet-Sun, Syriana corrió apresurada por la calle, sabía que se había retrasado muchísimo y que Manfred la estaba esperando, a lo lejos ya pudo ver su casa y junto a ella estaba Manfred, sentado al lado de la puerta tirando piedras a un montón de piedras que las habría apilado con la finalidad de derrumbarlas, Syriana empezó a andar para ganar de nuevo la respiración.
 
-Manfred, ¿Desde cuándo llevas aquí?- dijo Syriana a la vez que sacaba la llave de la casa que la tenía en la cadena de su cuello.
 
- No mucho tiempo Mama, la verdad es que me estaba entreteniendo con estas piedras, lo único es que ya no veía mucho para poder jugar- sonreía mientras tocaba la daga que tenía su madre.
 
- Oyes, eso no se toca, es un arma muy peligrosa- dijo su madre a la vez que e daba un golpecito en la mano.
 
- es muy bonita Mama, ¿es tuya?, ¿Dónde la conseguiste?- preguntó Manfred de forma curiosa.
 
- Haces muchas preguntas, señorito curioso- dijo Syriana sonriéndole apretándole uno de sus carrillos.
 
-          Pon la mesa Manfred- dijo Syriana a la vez que subía por las escaleras de caracol.
 
A Manfred le resultó extraño de que su madre no tuviera la cena hecha, no era habitual en ella, siempre que llegaba a casa se encontraba a su madre frente a la chimenea con la mesa puesta y con ese dulce olor a incienso, pero Manfred no le dio importancia, ya era el toque de queda, una leve sonrisa iluminó su cara y comenzó a abrir todos los muebles de la cocina para coger todas las fuentes que se iban a utilizar para la cena.
 
Syriana se estaba cambiando a una ropa más cómoda, una lágrima resbalo por su mejilla, se miraba fijamente al espejo, estaba  paranoica no pudiendo todavía creer lo que había visto, una bestia de era mitológica que incluso ni su tatarabuelo lo consideraba una leyenda, y allí estaba en plena biblioteca frente al viejo Orthos como si fuera un trozo de carne pendiente de comer, sabia un gran secreto y el tener que ocultarlo frente al pueblo lo consideraba una locura, ¿Cuántas cosas nos ocultarán?, se preguntó…, rápido bajó las escaleras de caracol para evitar sospechas a Manfred de su terrorífico encuentro en la biblioteca.
  1. txusky21 dice:

    - En este capitulo usas mucho”golpe”: dos golpes en la puerta, golpe de sentimiento, otra vez dos golpes en la puerta…
    – Si Siyriana era la primera vez que visitaba la biblioteca, ¿porque dices “pero cada vez que subía por cada planta”? Creo que hay una incongruencia.
    – También “no puede tocar nada” pero coge una escalera, libros,…
    No sé si son este tipo de cosas lo que te interesa que comentemos.
    Por cierto, la intervención del bicho te hace estar tensa jeje. Lo has introducido muy bien y te hace estar en vilo.

    • roberto dice:

      si, son ese tipo de cosas, me gustaría saber donde está lo de la incongruencia, lo de los golpes lo revisaré para no reiterar mucho, a lo que se refiere de no tocar nada, se refiere a material histórico tales como pergaminos o libros,una escalera o culaquier inmueble se entiende que sí pero si no queda claro puedo darle una vuelta , si esta parte no queda claro, podemos rebatirlo

      • txusky21 dice:

        jajaja Pues creo que yo no lo pillé al principio. Si no se toca nada, no se toca nada O_O
        Y lo otro es que si es la primera vez que va lo de “pero cada vez…” es como si ya hubiera estado y sintiera lo mismo de nuevo, no sé, yo lo entiendo así.

        • roberto dice:

          ok, lo doy un repaso, me gusta que se quede posteado porque así me leo todo para repasarlo, gracias por la aportación

          • Amanecer dice:

            Cierto ,pero cuando encauzas que no se puede tocar nada ,creo que ahí haces referencia mas a los libros ,no creo k te refieras a las escaleras ,es un lugar donde no entra nadie que no sea como ellos ,yo mi visión la encaucé a otro punto..el típico lugar biblioteca ,con sabiduria que no puede salir de ahí

          • roberto dice:

            Yo en eso estoy de acuerdo, es lo que se me pasó por la cabeza, una gran librería con distinto tipo de libros y reliquias en función de las plantas, pero revisaré la forma de decir las cosasa ver si deja de entender que es muy prohibitivo todo.

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