Roberto Loaisa Casanova Dime que me quieres (Cap. 20) - Eclipse Lunar Eclipse Lunar

Dime que me quieres (Cap. 20)

Una vela iluminaba cálidamente en el salón donde estaba Manfred, esta noche se había quedado muy tarde leyendo un libro que le había dejado su mentor, explicaba toda clase de combustiones y tipos de fuego, abarcaba todo tipo de incasdescencias desde la llama de color azul hasta la llama de colo rojo, a cada color de fuego se le daba un nombre, desde el fuego menos abrasador y controlable hasta el fuego más incandescente y salvaje, últimamente Manfred se sentía inquieto y le picaba todo el cuerpo, se le había agotado todas las infusiones que le había dejado Marant, se miraba los brazos y le comenzaron a salir llagas por los brazos, comenzaba a toser y en consecuencia vomitaba pequeñas gotas de sangre pero eso no pudo impedir que el muchacho siguiera leyendo.

-Toc- un pequeño golpe en la puerta hizo que Manfred saliera de su trance y se pusiera en guardia.

Manfred cerró el libro y rápidamente sopló la vela para quedar toda la casa a oscura, de su mano comenzó a formar una gran llama azul y amarilla a la vez que se la echaba a la espalda, ligeramente giró el pomo de la puerta para ver quién estaba detrás de la puerta, miró de arriba a abajo todo el lugar pero no había nadie.

-  Será el viento- se dijo así mismo.

Volvió a cerrar la puerta y mentalmente hizo enceder de nuevo la vela que tenía situada en la mesa.

-Toc,toc- se escucharon esta vez dos golpes claros en la puerta.

Manfred volvió hacia la puerta, pero esta vez más violentamente pudiéndola abrir con más rapidez, miró pero no encontró nada, estiró su brazo en llamas hacia la profunda oscuridad, su llama pasó de azul a un amarillo incandescente dejando ver el paisaje unos metros delante de él, no había nada, simplemente arena y roca delante de sus ojos, de repente una risá tornó en eco en todo el paisaje, una risa familiar, notó detrás de él una presencia, pronto se giró con sus brazo para poder ver en la oscuridad pero no podía ver nada, notó un gélido beso en el cuello que le dió un gran alívio y placer, en unos segundos Manfred ya no sentía picor en su interior. 

- ¿Me echabas de menos?- dijo Serene sentada en el sitio de lectura de Manfred.

Manfred estaba sorprendido cómo Serene se había infiltrado como un ladrón en su casa en plena oscuridad.

- ¿Ya estas mejor Manfred? – le preguntó Serene con una mueca de felicidad.

Manfred comenzó a ver sus brazos y vió que sus llagas mermaron de forma acelerada, comenzó a girar las muñecas y brazos para poder ver alguna herida más pero no pudo ver nada, sólamente la piel tersa de una persona recuperada.

-¿Cómo has llegado hasta aquí Serene?- le preguntó Manfred con gran intriga.

- Recuerdas que leo tus pensamientos- le dijo Serene a la vez que jugaba con la vela pasando de un lado a otro su dedo.

Manfred pudo observar toda la espalda de Serene, era completamente hermosa, tenía un gran vestido azul  con una gran caída dejándose ver toda su espalda.

Serene se levantó de aquella silla mostrándo una gran sonrisa en la cara.

- ¿Te gusta Manfred?, me lo he puesto especialmente para ti…- le preguntó al joven mientras se agarraba aquel vestido con ambas manos para dejar ver sus dulces piernas a la luz de la vela.

Manfred no pudo parar de ver aquella belleza, estaba tan atónito que no se dió cuenta que el fuego que tenía en las manos se le había apagado, sólo pudo contemplarla de arriba a abajo,tenía un preciosos pelo negro formando una gran trenza, en su frente postraba una pequeña y frágil corona de Rue sujetando la Luna, sus pendientes eran dos lágrimas en forma de perla, uno de sus ojos tenía dibujado una preciosa inscripción con colores azules y plateados, su vestido  se asemejaba a la seda de color azúl celeste, era de un gran encaje y de una gran caída, tódo el vestido estaba recogido en dos puntos, un broche incrustado  casi a la altura de su pecho y otra parte lo recogía su cinturon.

- He prepadado una noche especial- dijo serene con cara ilusionada.

- Sé que no he tenido tiempo de demostrarte lo mucho que me importas- continuó a la vez que cogía a Manfred de la mano.

-Vámonos, tenemos una noche mágica, hoy Mi-Kae nos ofrece su plenitud en unas horas – Dijo Serene a la vez que tiraba de la mano sacándole de la casa.

Manfred pudo ver en frente  de él un gran felino que le hizo retroceder ante su rugido.

-Vex Theran dar lemna-  dijo Serene.

De repente el felino  pasó de mostrar  un aspecto amenazante a un aspecto dócil, se inclinó a la espera de la monta de su jinete

-Manfred este es Vex, es un Tar, mi fiel compañero y espero que en un futuro también sea el tuyo- Serene volvió a tirar de nuevo de los brazos de Manfred obligándole a subir a aquella criatura, Manfred subió  con cara horrorizada, todavía no se podía ver claro

en la noche pero la montura de Serene parecía saber claramente como andar en la oscuridad, Vex comenzó a correr a gran velocidad en la oscura noche, Manfred estaba asustado, sólo podía agarrar la cadera de Serene para evitar caerse, estuvieron galopando a gran velocidad durante un largo tiempo y pronto llegaron a un lugar desconocido por Manfred, pronto Manfred pudo ver a Mi-Kae en el horizonte proyectando su blanca luz, pudo ver un asombroso paisaje, un gran campo de termias que comenzaban a brillar blancas y gélidas, de repente el Tar paró en seco, Serene demontó rápidamente de un giro de cadera y ayudó a Manfred a desmontar.

-Vex Therk lahm- dijo Serene.

De repente el Tar se sentó y apoyó su cabeza en el suelo sin intención de ir a ningún lado, una sonrisa de Serene hizo que Manfred se sintiera bien.

-Ven conmigo- dijo Serene a la vez que le cogía de la mano suavemente.

Serene arrastró a Manfred al campo de Termias apresudaramente, Manfred estaba fascinado de aquel campo de Termias, jamás había visto tantas termias juntas, un ligero apretón de manos le interrumpió aquella admiración.

-Dime que me quieres- le dijo Serene a la vez que le agarraba por la cintura.

- Dime que estoy en lo cierto y que nuestras razas pueden convivir juntas, dime que Kae y Rue pueden volver a estar enamorados- dijo Serene apenada dando un abrazo a Manfred, una lágrima corrió por sus mejillas.

-¿ Como puedo amarte Serene, estoy confundido, no se si me quieres para que me tomes como una nueva presa o  realmente estas enamorada de mi?

- preguntó Manfred confundido y triste, se sentía parcialmente enamorado, no había visto tanta inocencia desde que él era tan pequeño.

- he estado contigo desde que estas en la montañas del este, ¿no sabes que he sufrido por tí?- le preguntó  Manfred sin animo a que le contestara.

- He estado cada noche sufriendo como llamabas a tu madre, mientras que te hundías en la tristeza en aquellas montañas- dijo Serene sumergida en la tristeza.

-he intentado hablarte en sueños, he intentado decirte que esa noche os salvé a tí y a Roque de las garras de mi padre- continuó hablando.

-¿Porque no me crees ruethiano estúpido? – le pregunto Serene con lágrimas en los ojos.

-¡Está bien, si te creo!- Manfred rompió a llorar.

- No tengo a nadie Serene, estoy sólo me quitaron el amor de mi madre, y cada día rezo para que esté viva- continuó Manfred.

- ¿Como quieres que confíe tí si no puedo confiar en mi raza, me han secuestrado  y encerrado en aquel lugar- dijo Manfred a la vez que caía de rodillas preso de la tristeza.

Un abrazo de Serene seguido de un beso en la frente de Manfred hizo que poco a poco el muchacho se fuera calmando poco a poco, ella le agarró cara y se la puso en frente de ella, Manfred la miró fijamente, pudo ver una gran felicidad en aquello ojos negros, sus dientes mordian su labio inferior mostrándo carácter provocador, ella le atrajo hacia sí, Manfred pudo notar  sus gélidos labios en los suyos, él comenzó a notar de nuevo ese gran alivio de frescura en su cuerpo, él no pudo remediar abrazar a aquella mujer en aquella maravillosa noche, en su abrazo ella podía notar la palpitación de su corazón en su pecho, sin decir ni una sola palabra empujó a Manfred y le hizo caer sobre las Termias, él tocó unas de las termias accidentalmente y pronto empezó a cambiar, pasó de ser una flor fría y blanca a tomar colores anaranjados y deprendía una gran energía como si estuviera ardiendo en llamas, Ella se puso encíma de él y acarició su mano hasta llegar a la flor, la Termia comenzó a cambiar de nuevo, brillaba en tonalidades blancas y naranjas como si quisiera comportarse de las dos formas.

- Nunca has visto estas clases de termias. ¿Verdad Manfred?- dijo Serene con una sonrisa a medida que se quitaba la ropa, un beso más pasional hizo a Manfred caer en una gran sensación de amor, él la giró y de un ligero golpe de brazos pudo levantar y quitarse la túnica, él la trajo hacia sí…

Vex pudo ver aquellos cuerpos consumarse entre risas y fuertes respiraciones, pero sin más bacílo cerró los ojos intentando dormir ante el jugeteo de los dos inocentes amantes.

Un rayo de AtRue iluminó la cara de Manfred, abrió poco a poco los ojos y la pudo ver de nuevo, esa cara de angel durmiendo con una paz que no podría explicar, con cuidado cogió su túnica y la arropó para evitar que pasara frío.

- ¿Te ruborizás el verme desnuda?- dijo Serene con los ojos cerrados con una mueca tornada en risa.

- No, evitaba de que pasaras frío- contestó él.

Una dulce carcajada hizo a Serene levantarse agarrándo la Túnica de Manfred  hacia ella para cubrirse el pecho.

- Los kaenitas no tenemos nunca frío Manfred- le susurró al oido mientras le daba un beso en la mejilla.

Serene se vistió y en un giro seguido de una sonrisa le lanzó la túnica a la cara de Manfred, comenzó a andar hacia Vex, Manfred se incorporó rápidamente y comenzó a ponerse la túnica y atarse su cinturón a medida que corría en su búsqueda.

Los dos amantes montaron en el lomo del Tar y regresaron de nuevo al punto de partida, Vex se detuvo a unos metros de la puerta de Manfred.

- Ya estas de nuevo en casa- dijo Serene a la vez que volvía la cabeza para verle.

Con un largo beso de despedida sólo Manfred pudo cuestionarse una pregunta:

-¿Cuando puedo verte de nuevo?- preguntó.

- Dentro de dos MiKae- contestó ella.

Manfred bajó con gran entusiasmo y corrió hacia la puerta, antes de abrir aquella pesada puerta se giró una última vez para verla, pero ya no estaba allí, sólo pudo ver a lo lejos una sombra de un jinete y su montura, giró sobre sí mísmo y antes de entrar en la casa se miró de nuevo sus dos brazos y con asombro pudo ver que ya tenía nada, sus heridas no estaban, sólo pudo pensar que Serene le había de nuevo curado. Con una leve presión en la puerta Manfred pudo cerrarla, pasó un largo tiempo de la partida de Serene, Manfred continuó estudiando sumergidos en los libros tal y como le ordenó Marant.

Llegó rápidamente la segunda noche y Manfred estaba muy nervioso, había tomado mucho empeño en lavar su ropa e incluso encontró entre las pertenecias de Marant agua de Telís, una flor  autóctona que se utilizaba para la fragancia masculina. Manfred colocó toda su ropa en su pétrea cama, la roció de esa fresca fragancia y rápidamente se vistió, con un ligero golpe de muñeca comenzó a abrir levemente la puerta dió un paso y allí se quedó mirando en plena noche a Mi-Kae, Manfred estaba de nuevo nervioso por la llegada de Serene, el tiempo seguía pasando y allí continuaba él, mordiéndose las uñas  lleno de nerviosísmo, no podía contemplar aquella solitaria llanura, un pequeña sombra se acercaba velozmente hacia la casa, pudo contemplar a Vex y a su jinete, una mueca de felicidad hizo a Manfred salir de su estado de impaciencia, cerró la puerta y comenzó a correr hacia ella, pronto los dos caminos de los amantes se juntaron, Serene apenas bajó de su Tar y tendió su brazo a Manfred, él le correspondió y de un tirón subió a la montura.

- ¡Vamos, hoy te quiero llevar a un sitio muy especial!- dijo Serene con una gran sonrisa.

Pasaron por una series de frondosos árboles durante tiempo hasta que llegaron al muro derruido, un nudo se le hizo en la garganta cuando atravesó el muro, sabía que ese muro separaba los dos reinos.

- Bienvenido a Kareshia joven Manfred- dijo Serene con importancia.

Manfred se sentía confuso de porque le había llevado a sus dominios sabiendo que era su enemigo, una inmensa bruma rápidamente de aquellos bosques, no cubría más de medio cuerpo pero su presencia hacía de ese sitio un lugar tenebroso, pronto llegaron a una gran cueva en la entrañas de ese bosque.

- No tengas miedo, sino todo lo contrario- dijo Serene mientras bajaba de un salto de la montura.

- Vamos- obligó Serene a bajar al asustado joven.

Manfred miró de un lado a otro buscando una rama para poderla utilizar de antorcha, sin éxito murmuró unas palabras y  de sus manos apareció una lengua de fuego que comenzó a girar sobre sí mismaen la palma de Manfred.

- Eso no será necesario aquí- advirtió Serene mientras le agarraba la muñeca para que cesara aquel sortilegio.

Manfred apagó aquella llama y los dos se adentraron en aquella cueva agarrados de las manos, cada vez que se adentraba más en la cueva la atmosfera tomaba un color azulado dejando ver con claridad aquellas estalactitas, continuaron caminando y entraron al final de la cueva. Una cara de asombro se iluminó en Manfred al ver aquel lugar, había un gran estanque con una gran luz de color turquesa, lo bordeaba unas preciosas láminas en punta de un metal parecido a un cristal, Manfred se acercó más para ver el fondo de ese inmenso estanque y aún se quedó más maravillado a ver que el movimiento de sus aguas hacía brillar los minerales del fondo, destelleando el agua en tonos amarillos y azules en distintas tonalidades. Un gran ruido en el agua hizo salir al muchacho del asombro, era Serene, había dejado toda su ropa en la orilla y se había zambullido en el agua, Manfred pudo contemplarla a la vez que emergía a la superficie, toda su cara mojada era hermosa, cristalinas gotas resbalaban por sus labios y mejillas, sus ojos azules penetrantes,su pelo largo y liso mojado la hacía parecer una sirena en pleno mar.

-¿Vamos,a que esperas?- preguntó Serene con su mirada burlona.

 

Manfred se quitó la ropa y caminó lentamente descalzo hacia un pequeño torrente de agua del estanqu epor donde poder tirarse.

 

-¡Cuidado!- gritó Serene alarmante.

 

Manfred enseguida se paró y no caminó más, miró alrededor intentando ver lo que Serene había visto.

 

- lanza una llamarada a ese lugar donde pretendías lanzarte – continuó hablándole.

 

Manfred comenzó a murmurar unas palabras y apuntó con las dos palmas al lugar, de las manos salió una gran llamarada secando aquel lugar mostrando más de ese mineral en forma de punta.

 

- ¿Cómo se hace invisible?- preguntó Manfred con asombro  a medida que se acercaba a ese mineral negro fruto de las llamaradas.

 

- Es cristela, es un metal que se vuelve invisible con agua-  dijo a la vez que agarraba la cara de Manfred.

 

Serene arrastró al muchacho haciéndole caer al estanque, sumergió a Manfred a la vez que le besaba en aquellas aguas azules.

  1. Amanecer dice:

    Joer no me canso de leer esta parte k buena es ,como describes la pasión entre Manfred y Selene..como se nota la lucha de el por no sentir y la de ella porque sienta ,le vence mas el miedo ,el dolor ,el pensar que ella no sea buena ,y pone muro entre ambos ,pero no puede ella está en el y el en ella ,no se puede luchar cotra algo k está en ambos..describes muy bien la atracción entre ambos y si se quieren solo el hay que enseñarle el camino y k confie en ella ,puesto k al ser polos opuesto el amor entre ambos se mastica..es cuestión de tiempo …muy bueno

  2. anonimo dice:

    xdxdxd..k pssada k bonito nsda pero nada k objetar

Leave a Reply

%d personas les gusta esto: