Roberto Loaisa Casanova Un sueño inesperado (cap. 21) - Eclipse Lunar Eclipse Lunar

Un sueño inesperado (cap. 21)

Una mirada fija en la chimenea hacía que Iris se ausentara de la gran tristeza  que tenía en su interior, había terminado de cenar y se había sentado en su mecedora, comenzó a hacer oscilaciones con los dedos, dedos que hacía mover en la distancia pequeñas llamas, una sonrisa nostálgica surgió de su boca, jugaba con el fuego  de la chimenea con ánimos de olvidar por un momento a su marido, pasaron unos instantes en pleno silencio, su rostro cada vez mostraba más tristeza, colocó sus manos en la mecedora y de un pequeño empujón se incorporó y se desplazó hacia la habitación, abrió con suavidad su cama, se acostó y pronto cayó en un sueño profundo.

 

Iris comenzó a notar que flotaba, pudo ver desde la altitud Kell-Abar, una ciudad fantasma arrasada por la cólera del mar, pudo ver en la lejanía   un gran destello proveniente de unas de las torres del castillo, Iris comenzó a descender hacia una de las ventanas de la torre, de repente pudo ver una de las más macabras  de las escenas, dos horrendas criaturas enfrentadas entre sí.

Una gran criatura provista de armadura transparente, pero en su interior no había carne sino agua, pequeños torrentes brotaban por los orificios de la misma, su rostro licuado no tenía rostro, sólo pudo contemplar cuatro grandes colmillos, blandía dos cuchillas transparentes, del mismo material que su armadura, sólo podía apreciar su visibilidad gracias a pequeños brotes de agua que se deslizaban por las hojas, sus ojos azules estaban fijos con aspecto desafiante en su oponente, una criatura compuesta de fuego, tenía un armazón parecido a los huesos humanos, del armazón salía múltiples llamas como si estuvieran vivas en ese ser, su casco en forma de calavera dejaba ver unos ojos anaranjados, parecía aterrado y confundido. Un rugido del ser hizo temblar aquella sala, portaba la misma espada que Roque, arma que arremetió con la criatura de forma vertical, la criatura de agua se partió en dos charcos que rápidamente recorrieron ambos lados de la sala para colocarse detrás de él, volviéndose a unir  y dando forma al mismo ser, alzó con destreza sus dos cuchillas para poder atravesar a aquel ser de fuego, rápidamente se giró sobre él mismo arremetiendo sus espada de forma horizontal partiendo esa criatura en dos, un gran chillido se apoderó de la sala, parte de criatura se evaporó por el corte de aquella espada incandescente y parte se convirtió en un gran charco, que pronto comenzó a moverse hasta  verterse por una de las ventanas hacia el mar, el ser de fuego corrió hacia la ventana intentando de que aquella forma de agua no escapara, pero llegó tarde, un rugido de rabia del ser de fuego hizo eco en la ciudad. Un golpe seguido de un crujido  provenía dentro de la sala e hizo a la criatura girar la cabeza, Iris se deslizó hacia un lado para poder ver mejor, en el interior, las puertas de la sala cedieron dando paso a una turba de caballeros, por sus aspectos Iris dedujo que eran kaenitas. La criatura se lanzó por la ventana al vacío huyendo de aquella sala.

 

Iris se incorporó bruscamente de la cama despertando de aquella pesadilla, tenía toda la cara sudada, rápidamente se levantó y cogió de su mesilla de noche una pequeña jarra de agua y la vertió sobre un vaso que tenía al lado, tragó con ansiedad todo el agua y seguido pasó todo su brazo por la frente para poder quitarse aquel sudor, no podía parar de sentir los latidos acelerado de su corazón, estaba aterrada,  era tan real…

 

De nuevo se tumbó en la cama e intentó volver a dormirse, tardó unos instantes hasta que pudo caer en sueño profundo.

 

Un rayo de At-Rue hizo despertar a Iris, con pereza se levantó, miró de lado a lado buscando su túnica, rápidamente se vistió y salió de su casa.

 

–  ¡Tengo que hablar con Alais! – se dijo para sí misma.

 

Alais era uno de los líderes Tharkiitas, el más viejo y sabio de ellos, estuvo durante varios años refugiado en la ciudad de Thark, pero hace unos años había decidido irse a las montañas del oeste.

 

Iris cogió la silla de montar y se la colocó a Celeste, era su fiel corcel, un regalo de boda de Roque, pronto ensilló y espoleó al animal, galopó hacia la puerta principal de Thet-Sun, pronto pudo ver multitudes de caballeros de la llama custodiando la puerta, comenzaron a desplazarse y varios de ellos empezaron a a abrir las compuertas, Iris atravesó las puertas de la ciudad, por un instante miró hacia atrás y pudo ver aquellas puertas cerrandose, dejando atrás aquella ciudad fortificada.

 

Pasaron varios días hasta que Iris llegó a las montañas del oeste, para ella “El Monasterio pétreo” era un lugar de fácil acceso, todos los Tharkiitas lo conocían, eran un gigantesco lugar  excavado en la piedra en la gran montaña, solamente los monjes sabía el acesso secreto, a lo lejos ese monasterio se confundía en la montaña y le hacía parecer invisible a los ojos de cualquier criatura. Iris pronto desmontó de su corcel, miró hacia arriba y pudo ver la inmensa arquitectura del lugar, en lo alto podía ver grandes esculturas de los célebres Tharkiitas, todas las figuras estaban giradas hacia el lateral, parte de la figura era roca y parte escultura, si se miraba hacia el lateral veías a la figura y si veias de frente sólo veías roca,  por eso estaba oculta en la distancia, ambas paredes donde estaba Iris la cerraban en un semicirculo, como si la montaña la abrazara, pronto avanzó hacia la puerta principal.

 

–  Exth falam – murmuró Iris.

 

De las manos surgió una llama de colo azul, desplazó la llama hasta una  de las figuras situadas en el lateral de la puerta, la figura tenía la palma de sus manos juntas y abiertas en forma de ofrenda, Iris depositó aquella llama y un crujido agudo hizo que las puertas comenzaran abrirse, continuó por un gran pasillo, mientras caminaba pudo ver a ambos lados multitudes de figuras en fila con las palmas de las manos abiertas, comenzaron una a una a encederse una llama azul, como si la primera llama de Iris desencadenara  el encendido de todas las  manos de aquellas figuras, continuó  durante mucho tiempo por pasillos y subiendo escaleras en forma de caracol, pronto llegó a un gran salón y miró de forma sorprendida, había una gran cantidad de Tharkiitas, era como si estubiera haciendo un nuevo concilio.

–  Entra Joven- dijo Alais desde lo alto de la sala.

 

De repente todos los Tharkiitas que estaban se giraron para poder ver quién  era la persona que estaba entrando por la puerta principal, Iris pudo ver en la sala a caras conocidas durante el adiestramiento que tuvo como monje, pero también a completos desconocidos y compañeros, de todos ellos había una persona al lado de Alais que le estaba susurrando al oido.

 

–   Acércate – dijo Alais a la vez que le invitaba con la mano.

Iris se desplazó hasta llegar a estar en frente de Alais, postró una de sus rodillas en señal de reverencia.

 

–  ¿Qué hace una joven Tharkiita de Thet-Sun tan lejos de su ciudad?- Preguntó el anciano.

Iris levantó la cabeza y miró con duda a las persona desconocida al lado del anciano, Alais pudo ver la reacción de la chica:

 

–  No te preocupes, este es “Marant, Lengua de Fuego” es mi leal amigo- dijo el anciano a la vez que miraba a Marant.

 

–  Como bien vos y me hicisteis saber tengo el  don de ver el futuro y el pasado en mis sueños noble anciano y hoy he soñado un gran desastre en Kell-Abar, mi marido Roque hace días que no sé nada de él- dijo Iris a la vez que se levantaba de su estado de reverencia.

 

–   Continúa- dijo Alais.

 

–  Vi desde una ventana una lucha encarnizada entre dos seres, fuego y agua, dos monstruos que luchaban como si se conocieran desde siempre – continuó contando Iris .

 

Múltiples carcajadas hizo sonar eco en la sala, seguido de varios susurros que hicieron a Iris girarse sobre sí misma, pudo notar mofas de sus propios compañeros. Una mano la tocó el hombro y la hizo devolver la atención, era de nuevo Alais.

 

–   Pequeña, no debes de confundir tus visiones con pesadillas – continuó hablando el anciano con rostro apenado.

–  ¡No fue una pesadilla¡Era real!, ¡Kell-Abar es una ciudad fantasma, ya no existe y esas criaturas eran reales, una de ellas tenía la espada de mi marido!- gritó Iris.

Iris pudo contemplar que sus palabras caían en vano en la sala, nadie la creía, pero que iban a saber ellos, eran monjes dedicados plenamente en el estudio del fuego, la mayoría no sabían ni la existencia de los kaenitas, pero ella sí sabía de sus existencia, después de aquel fatídico día en que perdió A Beth y a Manfred  su mentor Alais le explicó todo lo que ella quería saber sobre esas criaturas, pero esta vez nadie estaba de su lado, sólo pudo ver a Marant, sólo él permanecía serio mirando hacia la multitud como si él supiera de lo que ella estaba hablando.

Un fuego amarillo intenso se creó de las manos de Iris que hizo callar a toda la sala.

–   Me ofrezco como quimérica en “El ojo de Rue”-  gritó Iris.

Todo el mundo se quedó sorprendido, hacía generaciones que no se celebraba ningún ritual como “El ojo de Rue”, en el ritual se sentaba a la quimérica o visionaria en un trono en forma de ojo en la cual se inclinaba con la cabeza hacia arriba, dos visionarios hacían de conductor y durante el proceso la quimérica entraba en trance y proyectaría de su boca una gran niebla que mostraría la última visión que hubieran tenido, el ritual tenía una consecuencia, que la visionaria podía quedarse en un plano paralelo y no volver del trance, el plano paralelo de su visión.

–  No creo que sea una buena idea – dijo Marant rompiendo su gran silencio.

–  He perdido a mi marido por culpa de un rey inconsciente – susurró Iris duramente a Marant.

–  Que así sea- dijo Alais.

Comenzaron los preparativos, vistieron a Iris con las típicas ropas del ritual, un vestido blanco de seda fino, Iris se desplazó al trono al que llamaban “Ojo de Rue” y se sentó, inclinó su cabeza hacia atrás y arqueó los brazos para que los otros dos videntes  cogieran sus manos, rápidamente los dos videntes, uno a cada lado cogieron las manos de la vidente, encendieron dos antorchas una a cada lado como era costumbre, Alais abrió un libro antiguo y comenzó a recitar una y otra vez un cántico que pronto siguieron todos los Tharkiitas excepto Marant, su mirada estaba clavada en la chica. Iris comenzó a temblar, los visionarios de ambos lados de la sala pudieron ver horrorizados los brazos de iris, pudo ver como sus venas se tornaban negras y poco a poco esa oscuridad iba subiendo hacia la garganta, su garganta comenzó a hincharse, a la vez el cántico de Alais se hacía más fuerte.

Un grito hizo salir de la boca de Iris una gran nube negra que inundó toda la sala, unos pocos tharkiitas salieron huyendo de aquella horrible escena parecida a un exorcismo, de la nube comenzaron a salir las mismas imágenes, las mismas que Iris había comentado, los cánticos  se dejaron de escuchar por gritos de horror, todos los tharkiitas comenzaron a salir despavoridos de la sala, solamente los visionarios, Marant y Alais se quedaron a ver el final de la visión, cuando la criatura se lanza al mar, Alais miró a Marant de forma alarmante se llevó la mano a la boca para tapar su cara y se arrimó a su oído.

–  Atrapa esta visión Marant y llévasela a los kaopas y dile que su hermano está en Kell-Abar, se inicia una gran batalla contra los kaenitas, ya sabes lo que hay que hacer – dijo el anciano en un susurro.

Marant cogió un recipiente llamado Periu, una botella mágica que era capaz de atrapar visiones, enseguida Marant recitó unas palabras y la nube fue absorbida por el recipiente, Marant cerró el bote y rápidamente abandonó la sala. Un silencio se adueñó de la sala, Alais miró hacia “el ojo de Rue” y pudo ver que Iris y los dos visionarios quedaron desmayados con los ojos en blanco.

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