Roberto Loaisa Casanova Eclipse Lunar (cap. 23) - Eclipse Lunar Eclipse Lunar

Eclipse Lunar (cap. 23)

Pasaron varios días hasta que Marant pudo ver a lo lejos su casa, estaba al límite de sus fuerzas, llevaba días corriendo, debía de llevar a aquel recipiente con la visión a los Kaopas de las montañas del Oeste, Marant observó de nuevo su casa a lo lejos y pudo ver tres figuras, dos humanoides y una cuadrúpeda, algo no iba bien, sacó fuerzas de flaqueza para apresurarse, Manfred estaba en peligro, cada vez que corría aquellas siluetas comenzaron a visualizarse, allí estaba Manfred dialogando con una hermosa muchacha y al fondo pudo ver un Tar.

- Eso solo puede significar una cosa – se dijo así mismo.

- ¡Harx Erm loem! – gritó Marant a la vez que tiró al suelo sus pertenencias incluida la botella.

 

Un fuego viviente comenzó rodearle como si fuera una serpiente quemando toda su ropa, le cubrió por completo, era irreconocible, se había transformado en una silueta de fuego que no paraba de correr hacia ellos, dejaba una estela que marchitaba y quemaba toda la flora a su paso.

 – ¡Serene, apártate! – gritó Manfred mientras la daba un empujón hacia atrás. 

Manfred se interpuso entre el ente de fuego y Serene, gruñidos de fondo emitía Vex con la intención de defender a su dueña.

- Apártate de ella – dijo Marant.

 – ¿Marant?- preguntó Manfred con tono de admiración.

 – Si, Manfred- dijo Marant a la vez que el fuego en forma de serpiente se fue retirando de la cabeza para que pudiera ver su rostro.

- ¡Retírate de ese kaenita ahora mismo!- gritó con voz de mando.

- ¡No, ella no es como los demás!- gritó Manfred en defensa.

- Yo antes pensaba lo mismo Manfred, pero ahora no podemos confiar en ellos, debes de creer lo que te digo, debes de creer lo que te dice tu padre…- dijo Marant de forma apenada como si no quisiera haberle revelado su consanguinidad.

 

Lágrimas cayeron de las mejillas de Manfred a la vez que chasqueaba los dientes mostrando una mueca de rabia.

 – ¡Mi Padre está muerto, murió en la gran batalla!- gritó Manfred de forma despectiva.

- No he muerto Manfred, tuve que exiliarme, para protegeros a ti y a tu madre Syriana- contestó Marant.

 

De repente un rugido de horror sonó detrás de Manfred, de un giro violento de cuello pudo ver aquella horrorosa escena, una gran sierpe recubierta de pelos y pinchos había atrapado a Vex, le había apresado y le estaba retorciendo, sus pinchos se hundían en la carne de la criatura, la armadura comenzó a hacerse añicos como si fuera mero cristal, Vex abría la boca intentando respirar, sus zarpas oscilaban en vano, cada vez las heridas eran más grandes y las púas comenzaron a desgarrar la carne.

-¡Serene, no!- gritó Manfred mientras formaba una bola de fuego incandescente. 

Manfred pudo contemplar dos hombres detrás de Serene, uno la había sorprendido y la tenía agarrada por el cuello mientras que el otro la perforaba el estómago con su espada, los dos brazos de Serene se estiraron suplicando ayuda a Manfred, borbotones de sangre y agua expulsaba por la boca a medida que sus ojos comenzaron a cerrarse.

- ¿Esto ya iniciará una nueva batalla verdad Mesh?- dijo aquel hombre. 

Manfred pudo verlos claramente a esos dos personajes, un kaenita y un ruethiano, Manfred conocía claramente a Mesh, era un caballero de la llama, unos de los hombres de confianza del rey Recthar, y el otro personaje era un nombre con grandes arañazos marcados en la cara.

-¿No me recuerdas Manfred?- preguntó aquel ser misterioso.

Manfred comenzó a lanzar pequeños proyectiles de fuego en dirección de aquel kaenita, el kaenita estiró su brazo e hizo un muro de agua, todos los proyectiles impactaron sobre aquel muro y se evaporaron.

- ¡Corriste como un cobarde mientras me agarraban dos kaenitas! – gritó aquel personaje.

.- ¡Bethior!- gritó Manfred en ira.

 – También me conocen como el caballero de las mil caras- dijo Bethior.

- ¡Retrocede Manfred¡- dijo Marant. 

El fuego de Marant comenzó a crecer y a tomar forma de una gran serpiente que rápidamente atacó a la criatura evitando que atacara a su hijo, las llamas de Marant se enroscaron a la Sierpe entrando en una lucha encarnizada, la sierpe quedó atrapada en aquella serpiente ígnea y quedó rápidamente chamuscada en terribles alaridos.

 

Manfred miró sus brazos y comenzó a ver grandes quemaduras por todo el cuerpo, la ira le había aflorado de nuevo sus quemaduras, un grito ensordecedor quedó paralizado a Mesh y Bethior, de repente pudieron ver a Manfred murmurando en trance palabras en lengua antigua, comenzó a separarse la carne de sus brazos y cuerpo en una ensangrentada escena, en su interior tenía un esqueleto metálico que pronto comenzaron a crearse círculos de fuego por toda aquella coraza metálica, toda la carne terminó calcinada, de las cuencas de sus ojos comenzaron a brillar con el fuego interior, era una gran criatura de fuego soportada en un esqueleto metálico.

 

Mesh corrió despavorido al ver a esa criatura pero Bethior seguía mirando a esa criatura, ya se había enfrentado a una parecida en Kell-Abar pero esta era distinta, su fuego era de un color rojo infernal y su armazón no era el mismo.

 

  • No, no ,no… esto no puede estar ocurriendo – dijo en alto Marant.

 

Marant corrió rápidamente hacia la casa, cerró la puerta con brusquedad, oyó un rugido de la criatura ígnea que hizo que se llevara la mano a los oídos, seguidamente comenzó a buscar por toda la casa cosas que iba a necesitar, estaba muy nervioso, solo podía escuchar fluidos de agua impactando sobre las incesantes llamaradas de la criatura, la lucha entre Bethior y Manfred no le dejaba pensar, no entendía en qué se había convertido su hijo, pero no era momento de pensar, debía actuar, se desplazó hacia la habitación y se puso una nueva túnica y cogió un libro envuelto en trapos debajo de la cama, metió todo tipo de víveres en una mochila y abrió la puerta con cautela, pudo ver a Manfred trayendo a Mesh completamente chamuscado, le arrastraba agarrándolo por un pie como si fuera un muñeco, intentó abrir más la puerta para poder ver más, estaba buscando a aquel Kaenita con el cuerpo de Bethior, pero no pudo ver donde estaba, todo el suelo estaba completamente envuelto en llamas y agua, Marant continuó abriendo la puerta intentando escapar sigilosamente, pudo ver a aquella criatura agachándose ante Serene, un rugido mas ensordecedor hizo temblar la tierra, de nuevo Marant se echó las manos a los oídos perdiendo la compostura, rápidamente corrió aprovechando aquel rugido para esconderse en las rocas, desde allí pudo ver el evento más extraordinario que jamás había visto en su vida, aquella criatura introdujo la mano en el cuerpo inerte de Serene y extrajo una gema azul, era lo bastante grande como para que Marant pudiera ver en su Interior, parecía como un fluido líquido transparente viviente, era como si dentro de la gema hubiera agua en vida, la criatura introdujo aquella gema en el interior de su caja torácica, esta vez, un gemido de dolor hizo a la criatura caer desplomada al suelo apagándose todas las llamas, Marant salió de aquel escondrijo con la boca abierta lleno de asombro al ver en el cielo AtRue y MiKae juntos formando un gran Eclipse, jamás en Kalash se había producido tal fenómeno, rápidamente miró al suelo, todo el agua comenzó moverse hacia la criatura, Marant pudo ver horrorizado como el agua comenzó a inundar aquel armazón metálico, las llamas se volvieron a avivar, agua y fuego se mezclaban en forma de remolinos alrededor de la criatura, la criatura comenzó a levantarse, el agua y el juego oscilaban por todos su cuerpo regenerando de nuevo la carne donde antes hubo, Marant salió de aquel lugar, aquella criatura no era su hijo, toda su vida había vivido un engaño, recogió el bote y se dirigió en dirección a las montañas del Este.

 

Pasaron varios días hasta que Marant llegó a aquel precioso lugar, se quedó sentado en las fronteras de aquel lugar, esperando la llegada del Kaopa.

Un terremoto hizo temblar toda la tierra, Marant cerró los ojos y se puso de rodillas en plan de reverencia, allí en frente de él se encontraba aquella fantástica criatura.

 

-Mi disculpas, ya sé que dijiste que no debíamos pisar estas tierras- dijo Marant acobardado.

 

Un suspirar a través de los orificios del morro del la criatura hizo dar a entender al monje su enojo.

 – He traído esta botella que guarda una visión de una de nuestras compañeras- dijo Marant a la vez que descorchaba la botella.

 

El Kaopa pudo ver aquella escena de Kell-Abar, una lucha entre las dos razas en lo alto de una torre en el castillo.

 – ¿Eres Smok, Verdad?- Preguntó Marant.

 – ¿Por qué quieres saberlo?- le preguntó el Kaopa a Marant.

 – Cuenta la leyenda de que eres Tales, hermano de Rue- dijo Marant.

-Y este ser que lucha es tu hermano…- dijo Marant.

 – Ese ser no es Rue- dijo el Kaopa.

 – Los Kaenitas han comenzado de nuevo una gran guerra, ya ha caído Kell-Abar, debes de ayudarnos, antaño los monjes y los Kaopas fuimos grandes compañeros- continuó Marant. 

De repente comenzaron a crearse grandes remolinos de aire sobre la arena, Marant se tuvo que tapar la cara para no respirar el polvo.

 – Reúne a los monjes que tengan algún símbolo de nacimiento, yo reuniré a los Kaopas que tengan ese mismo símbolo – dijo el Kaopa a la vez que se elevaba. 

Una gran euforia mezclada con una gran felicidad hizo que Marant saltara corriendo de vuelta al monasterio.

 

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