Roberto Loaisa Casanova El secreto de Sam (cap.22) - Eclipse Lunar Eclipse Lunar

El secreto de Sam (cap.22)

Solo podía ver largos pasillos conectados por pequeñas bóvedas, Sam no podía apenas ver unos metros, la luz de la antorcha no le dejaba de ver más, se inclinó y arrimó la antorcha junto a la pared, pudo ver tres líneas construidas a base de pequeñas piedras, cada línea brillaba de distintos colores a la luz de la antorcha, él sabía perfectamente que la que reflectaba de un tono anaranjado era la línea que le conduciría a las afueras de Thet-sun.

 

  • Perfecto, está tal y como yo las recordaba- dijo con una mueca de felicidad.

 

Pronto se reincorporó y comenzó a caminar ligeramente, no paraba de apuntar con la antorcha aquella línea anaranjada, comenzó a girar de izquierda a derecha por aquellos laberínticos pasillos hasta llegar a unas escaleras de piedras en forma de caracol, continuó bajando por las mismas sin perder aquella línea de piedras.

 

Pasó un largo tiempo hasta que la línea finalizó. Sam se encontraba en una gran sala, en la misma se encontraba las rejas donde supuso que se escapó su hijo hace tiempo.

 

  • ¡Cuánto tiempo Sam¡- dijo una voz perdida en el eco.

 

Allí estaba Vereck sentado en un trono de piedra, Sam comenzó a caminar hacia él con forma cautelosa.

 

  • Hola Vereck, no te había reconocido- dijo Sam con un nudo en la garganta.

 

Sam le pudo ver más de cerca, estaba completamente cambiado, ya no era el caballero del Sol que antaño era, su cara estaba deformada como si se tratara de un monstruo, tenía una gran joroba en la espalda, sólo había una cosa que Sam identificó de aquel engendro y era aquella familiar pierna postiza que perdió en la gran Batalla del Sol muerto.

 

 

  • los años no te han sido muy favorables- continuó hablando Sam de forma amable.

 

De repente Sam pudo notar  detrás de él un continuo respirar, giró lentamente la cabeza y pudo ver dos ojos anaranjados acechándole desde la oscuridad.

 

  • No te preocupes, mi mascota no te hará daño por ahora, recuerda que odian a los Kaenitas tanto como yo- contestó Vereck.

 

  • Después de tanto tiempo sigues odiándonos- dijo Sam en voz alta mientras se mantenía erguido vigilando a aquella criatura que no hacía nada más que dar vueltas alrededor de él.

 

  • ¡Tú y tu raza no deberíais existir, la muerte de mi padre fue culpa vuestra¡- gritó Vereck enojado.

 

  • fue tu ansia de poder la que no te dejó ver, ya te lo advirtió tu hermano en su momento, pudiste ser un gran rey Vereck…- continuó Sam.

 

  • Mi hermano Rectar es un ignorante al creer que podemos vivir en comunión, tu raza es depredadora de la nuestra, está en vuestra naturaleza y no se puede cambiar- dijo Vereck a la vez que se incorporaba de aquel trono de piedra mugriento.

 

Sam sabía que iba a ser difícil de convencer a Vereck para poder salir de las cloacas. Vereck era el hermano mayor de Rectar, era el aspirante de la corona de Ruethia pero no compartía los mismos principios que Recthar y su padre Seth, ambos creían en la convivencia de las dos razas y el equilibrio que las unía y las enfrentaban pero Vereck creía que era una raza parásita y que tarde o temprano iban a planear un ataque en contra de los ruethianos, Vereck inició la famosa batalla del “Sol muerto”, Vereck en un intento de matar al rey Kaenita, Seth se interpuso entre la espada y el rey Kaenita, causando accidentalmente la muerte del mismo, Vereck cayó en una gran tristeza, decidió no reinar y recluirse en las cloacas para siempre dejando a su hermano la corona, aún tiene la esperanza de que haya alguien que le ayude a seguir sus principios, de ahí su nombre “Sol muerto”, falleció el mejor caballero del Sol de todos los tiempos.

 

  • Necesito salir de Thet-Sun, Vereck- Dijo Sam de forma más pausada.

 

  • No, las órdenes son muy claras, tú decidiste vivir con nosotros y debes de quedarte en la ciudad- protestó Vereck.

 

  • Debo de ir a la torre del olvido, vuestra raza corre un gran peligro, Akares está en Kalash- dijo Sam.

 

  • y yo pensaba que estaba loco…- dijo el jorobado entre carcajadas.

 

-¿Me quieres decir que hay un Titán Kaenita deambulando por Kalash?- preguntó.

 

–  Sí, se ha tragado la ciudad de Kell-Abar, está recogiendo almas para hacerse más poderoso, su siguiente objetivo es Thet-sun- contestó Sam.

 

 

  • Kaar, arráncale la cabeza a este insensato, date un festín con sus vísceras- dijo Vereck a la vez que se volvía a sentar en el trono.

 

La bestia pasó de estar erguida paseándose a estar quieta, Kaar comenzó a doblar sus patas traseras con la intención de lanzarse sobre Sam.

 

  • ¡Vereck, escúchame Syriana está muerta y alguien ha robado el contenido de su daga, la pude recoger después de su ejecución¡- gritó de forma apresurada.

 

Sam pudo buscar rápidamente en sus bolsillos y pudo sacar con agilidad dos objetos, la daga de la mujer con la empuñadura abierta y hueca, y el aquel libro donde Sam pudo apreciar que le faltaba una hoja.

 

 

Vereck alzó su puño con un gesto y rápidamente Kaar giró sobre sí mismo y desapareció en la oscuridad.

 

  • saldrás con una condición, de que yo vaya contigo- dijo Vereck mientras miraba fijamente la inseparable daga de Syriana.

 

 

Sam asintió con la cabeza la vez que volvía a guardar los objetos bajo su túnica.

 

  • si es verdad lo que estás diciendo, es un asunto muy grave, hay que avisar a Marant, debe de saber que su mujer está muerta- contestó Vereck a la vez que estaba cogiendo sus pertenencias para salir lo más rápidamente.

 

  • te he subestimado Sam, vayamos a esa torre antes de que ese titán venga a Thet-Sun, esto parece de locos pero me has mostrado un objeto que jamás Syriana se hubiera separado de él y eso me ha despertado una gran inquietud- continuó hablando mientras se echaba unas mochilas en los hombros que pronto pondría en su Ur.

 

  • Partamos cuanto antes, ya arreglaremos cuenta de quién o quienes han sido responsable de tan atroces acontecimientos- dijo Vereck a la vez abría aquella compuerta de las cloacas.

 

Sam y Vereck se  adentraron en el bosque termado de camino a la Torre del olvido,  Sam caminaba detrás de Vereck y no podía quitar ojo en aquel hombre en lo que antaño fue un príncipe de Ruethia, tenía un  espada como mano y una pata de palo a falta de su pierna izquierda, le fascinaba su gran corpulencia, le seguía a su lado su fiel Ur, un gran felino de batalla carente de su precioso pelaje anaranjado, ahora parecía un putrefacto engendro salido de cualquier ciénaga, pudo recordar aquella batalla en la que Vereck se enfrentaba  con  más de diez Kaenitas ,  Un Tar salido de la nada fue el que le atacó a traición arrebatándoles  sus miembros en una encarnizada batalla a muerte en la que Vereck pudo salir victorioso.

-¡No te detengas, Kaenita¡- gritó Vereck mientras giraba la cabeza para localizar a su compañero de viaje.

 

Sam  se apresuró para ponerse a la altura de Vereck llevándose la mano a la boca intentando inhalar aquel olor nauseabundo que desprendía aquel caballero.

 

-¿Qué esperas encontrar en aquella Torre?- preguntó Vereck a medida que pasaba el tiempo.

 

  • Respuestas, muchas respuestas. Llevo toda mi vida buscando el inicio y la creación de vuestra raza humana y la nuestra, dos razas opuestas, el agua que controlamos nosotros y el fuego que controláis vosotros- continuó hablando Sam mientras  tenía la mirada perdida en el camino.

 

– Tengo la esperanza de encontrar a un ser de tierra, unos de los más antiguos de Kalash, hay más criaturas escondidas en este mundo Vereck …-  Sam fue interrumpido.

 

– ¿Después de tantos años porque no los he visto?- preguntó Vereck  bajo una mofa.

 

–  Os recuerdo que vosotros decidisteis negar toda existencia de los Urs y otros seres a vuestros habitantes, le negasteis el conocimiento y lo guardasteis con recelo en la Biblioteca Thetsuniana- contestó Sam con recelo.

 

–  ¡Claro que sí insolente!- volvió a gritar Vereck.

 

 

– Nuestro pueblo no puede vivir en armonía sabiendo que existe una asquerosa raza que se alimenta de la nuestra y son capaces de coger nuestra apariencia humana, sería un verdadero caos, por eso fortificamos nuestras ciudades, por eso ocultamos lo que sois y por eso ahora viven felices- finalizó Vereck con un gruñido.

 

–  ¿Felices? –  preguntó Sam.

 

 

–  Más bien ingenuos, en vez de enseñarles a como convivir decidisteis ocultarnos, fue una solución pero no creo que fuera la más acertada-, tu gente no está ni estará preparada ante un ataque Kaenita…- Sam no pudo terminar su diálogo cuando cayó de bruces al suelo.

La punta de un palo le oprimía el cuello, generándole una gran asfixia de la cual no podía mediar palabra.

 

–  Insecto, te perdono la vida… me ofrezco a acompañarte… ¿y ahora cuestiona la forma de gobernar de mi hermano?-  preguntó Vereck en un gran enojo.

 

Sam asintió con los ojos dándole entender a Vereck su imprudencia, sabía que le necesitaría  para cualquier peligro y no debía enojarle más.

 

La presión del cuello desapareció gradualmente y Vereck quitó su pata de palo del cuello.

 

Sam se pudo incorporar y de nuevo reanudaron la marcha.

 

–  Háblame de ese Akares… – dijo Vereck con desprecio.

 

–   Akares es la más pura esencia Kaenita, no tiene forma, pero si la tuviera que describir es la representación de la muerte en la tierra, es una gran calavera que nace en bruma y se convierte en agua. – comenzó a contar Sam como si una historia de terror se tratara.

 

 

–  Cuenta la leyenda que sólo Kae puede invocarla en los años donde Mikae no tiene luz, es cuando AtRue no la ilumina, por eso brilla nuestra luna, porque el sol la está vigilando, pero hay un día en el que no vigila y es cuando Kae puede bajar esa esencia de Mikae, se dice que una vez que comienza a ahogar a los Ruethianos es capaz de alcanzar más poder quedándose con sus almas como trofeos y así generar el terror allí donde ella more- hubo un silencio en la historia de Sam.

 

– ¿Acaso crees que el  “Mar de los susurros” se llama así porque lo decidisteis al azar?- preguntó  Sam con una mueca picaresca.

 

–  Entonces si Kell-Abar ha sido fruto de la hecatombe para esta criatura, Tiene que tener un tamaño colosal, se ha cobrado miles de víctimas…- dijo Vereck.

 

No hubo más ruido que la brisa hacía al mover las hojas de aquel  frondoso bosque.

 

 

 

 

Pasaron varios días hasta que llegaron a  aquel lugar, la Torre del olvido, ya no era como antaño fue, era un lugar lúgubre, toda la naturaleza de alrededor había cambiado, los árboles eran gigantescos y horribles, una ligera niebla acariciaba las piernas de San intentó mirar el suelo y no pudo ver nada, la niebla era muy espesa, levantó la mirada y vio a lo lejos aquella horrorosa arquitectura, una torre envuelta en la bruma, grandes ramas se retorcían sobre ella, ramas y rocas se mezclaban pareciéndose a un gran árbol en forma de torre, ya no se oía el cantar de las aves.

 

Sam pudo ver en unos instantes su pies inmóviles en un fango que antes no había bajo su pies, su corazón comenzó a acelerar de forma brusca, se hundía más y más bajo aquel lodo, Vereck corrió hacia él y le agarró con su única mano, tiraba de él pero Sam se hundía más y conseguía arrastrarle con él.

 

Vereck  pudo ver que alrededor suyo salían multitudes de manos embarradas, podía escucharse de multitudes de gemidos bajo aquella tierra, Vereck estaba aterrado e inmovilizado, con su mano amputada comenzó a oscilar su espada intentando cortar aquellas manos que le hacían preso, mientras que con la otra intentaba evitar que Sam se hundiera.

 

– ¡Vereck, ayúdame!- gritaba Sam de forma aterrada.

Vereck  no podía dar crédito a lo que estaba pasando, cortaba una y otra vez aquellas manos y las mismas se volvía a reproducir, mientras tanto miraba a Sam, pudo ver otra imagen peor, Sam estaba cambiando, sus ojos eran completamente fríos y  azules, sus colmillos superiores e inferiores le salían de aquellas filas de dientes, su mentón comenzaba a agrandarse y todos su cuerpo comenzaba a licuarse, el agua se desprendía comenzaba a mezclarse en aquel barro.

 

-¡Sam, mis manos no pueden aguantarte, me estoy resbalando, no te licues!-gritó Vereck con gran impotencia.

 

De la tierra salieron tres grandes lombrices de espaldas a Vereck, dos de ellas mordieron su costado y una se le agarró en un lateral del cuello, Vereck soltó a Sam para poder coger con su mano aquel monstruo, le estaba comenzando a succionar la sangre de su cuello, pudo agarrarla y separarla, comenzó a morderla de forma desesperada mientras intentaba con la amputada cortar las cabezas de las otras dos que estaban en su costado, comenzaba a perder las fuerzas debido a las heridas, se comenzaba a hundir al igual que Sam, el terror se estaba adueñando de él, ya tenía medio cuerpo sumergido y Sam ya no estaba, sólo pudo ver en la zona donde había desaparecido unas burbujas que afloraba del interior de la tierra, giró la cabeza desesperadamente buscando a Kaar, su mascota, pero no le veía, solamente podía escucharse unos gemidos a unos metros de él bajo un gran enramado, su Ur había sido presa de un Néfar, lo estaba ahogando bajo sus fuertes ramas, Vereck ya no podía ver ni oír, tragó arena hasta quedar muerto en aquella oscuridad.

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