Roberto Loaisa Casanova Concilio de los Tharkiitas (Cap. 9) - Eclipse Lunar Eclipse Lunar

Concilio de los Tharkiitas (Cap. 9)

Manfred abrió los ojos y se encontraba extremadamente pesado, tenía un tremendo dolor de cabeza debido a la herida, se llevó la mano a la cabeza, notó una serie de puntos en su cabeza, le habían curado y limpiado, notaba una ligera presión en el estómago, alguien con olor nauseabundo le estaba llevando sobre hombro, estaba encadenado de pies, manos y cuello.
 
De un ligero impulso Vereck postró al muchacho sobre el suelo y se retiró caminando hacia atrás inclinando la cabeza, dando una sensación de reverencia a las personas que estaban en la sala.
 
Manfred se levantó y vio a tres personas con unas túnicas que jamás había visto, eran de un color rojo intenso, en el interior de esas túnicas no eran túnicas en su totalidad, estaban elaboradas con oro y Metal negro, todo parecía una túnica fusionada en una grandiosa armadura negra y dorada con grandes ilustraciones en hombrera y capucha de llamas mezcladas con letras rúnicas de la lengua antigua.
 
-          Muchacho- Dijo el más anciano.
 
-          ¿Quién eres? – preguntó a la vez que le miraba de forma penetrante de arriba a abajo como si buscara alguna información en su cuerpo.
 
 
-          Me llamo Manfred – respondió medio asustado.
 
-          ¿Dónde estoy? – preguntó mirando a la sala rectangular.
 
 
-          Estas en Thark, capital del reino, residencia del rey Recthar- le contestó el monje mientras se giraba sobre si mismo y se desplazó hasta una lustrosa silla que estaba en frente de él.
-          Ven aquí muchacho- dijo subiendo el tono de voz.
 
Vereck le dio un violento empujón para que empezara a caminar.
 
-          Vereck, aquí la violencia no es necesaria, no creo que el muchacho quiera escapar a ningún sitio, ya puedes retirarte e irte de nuevo a vigilar las cloacas – dijo el monje.
 
Vereck hizo una nueva reverencia y fue andado sobre sus mismos pasos.
 
-Perdona las formalidades de Vereck, Manfred- dijo el Monje.
 
Manfred fue caminando arrastrando aquellas pesadas cadenas hasta el monje deteniéndose a la altura del mismo, por un instante el monje se le quedo mirando, de repente los ojos almendrados del monje se volvieron amarillos como la luz del sol, le agarró con violencia del cuello, se levantó y le izó un palmo suelo.
 
-Pex Thrym Marthelen- murmuró.
 
De repente la mano del monje empezó a tornarse el color de las ascuas del mismísimo infierno, la carne de Manfred empezó a quemarse elevándose una pequeña bruma a carne chamuscada, un gran chillido del muchacho se escuchó en la  gran catedral.
 
-          Thar Fer, Thar pue, Thar falaz haxer- gritó el monje chirriando los dientes.
De repente Manfred agarró con las dos manos el antebrazo del monje.
 
-Thar pue, Perdurax  Pyre in ko- comenzó a murmurar Manfred en lengua antigua, las manos empezaron a ponerse incandescente sobre el antebrazo del monje,  el monje le lanzó despedido hacia atrás, Manfred recorrió media sala, se reincorporó, por un momento no sabía que había ocurrido , era como si había caído bajo un profundo trance.
 
-          Lleváoslo, sigue siendo un hijo de Rue- dijo el monje mientras caminaba a una puerta que parecían ser sus aposentos.
-          ¿Qué me ha pasado?- se apresuró a preguntar Manfred asustado.
 
El Monje se giró la cabeza hacia él, todavía con la puerta abierta, tomo una pequeña bocanada de aire:
-          Todo a su debido tiempo pequeño, llevarle a los aposentos, que le bañen y le limpien a conciencia todavía huele a cloaca, mañana realizaremos un largo viaje- comentó el monje.
-          ¡Quiero ir con mi Madre!- gritó Manfred.
-          Considérame de la familia, puesto que voy a ser tu familia durante un largo tiempo- dijo el monje dando un portazo en la puerta.
 
 
Manfred fue llevado a sus aposentos, lavado a conciencia por tres criados de la corte, le afeitaron completamente la cabeza para no infectar la herida cosida de su cabeza, posteriormente se puso un camisón y lloró casi toda la noche echando de menos a su madre, sintiéndose un preso en aquella cathedral.

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