Roberto Loaisa Casanova Kaenitas (Cap. 11) - Eclipse Lunar Eclipse Lunar

Kaenitas (Cap. 11)

Sólo se escuchaba el susurro de los árboles en la noche, Manfred estaba corriendo angustiado por el campo de  Termias, de repente una bruma espesa le cubrió todo el cuerpo, rápidamente el bosque de termias lo gobernó una gran niebla espesa, asustado Manfred retrocedió sobre sus pasos, no podía ver nada, sólo aquella niebla gris en plena luz de Kae,  Manfred miró hacia abajo y sólo podía ver aquellas pequeñas flores azules desprendiendo esa dulce luz…
 
-Manfred, pequeño Ruethiano- le susurró una voz de Ultratumba, era ella de nuevo, Manfred comenzó a correr  atravesando aquella niebla espesa, no veía nada, solo arbustos que rozaban su cara, no sabía dónde ir, cada vez la voz se hacía más fuerte….
 
-¿Crees que estas a salvo?- continuó el susurro por todo el bosque, Manfred comenzó a correr por un infinito campo de Termias, hasta que no pudo más, se arrodilló llevándose las manos a los oídos.
 
-          ¡Ya no puedo más!- gritó con un gran eco en todo el bosque, arrodillándose comenzó a llorar, su miedo era tal que le paralizaron sus ganas de correr, clavó su cabeza en el suelo llevándose las manos a la cara pensando que algo malo le iba a ocurrir…
 
De repente notó en su depilada cabeza un dulce y frio beso, unas frágiles manos le agarraron las muñecas para destaparle la cara intentando reincorporarle, era ella, la chica del Bosque…
 
-          No me tengas miedo pequeño, pero no estás a salvo, debes de salir de ahí, ahora estas solo…- le susurró Serene al oído del pequeño Manfred.
-          Estáis siendo engañando por tu pueblo Manfred- continuó Serene mientras le levantaba con suavidad del suelo.
 
-          Cuando vuelvas a Thet-Sun espérate lo peor pequeño, después de vuestra noche en nuestras tierras habéis levantado las ansias de poder de tu pueblo- continuó Serene con la conversación.
 
Desplazó la vista hacia abajo y frunciendo el ceño con ánimo de tristeza siguió hablando a Manfred:
-          Tu Madre está muerta, ellos te quieren a ti para enfrentarte a nosotros, quieren acabar con nuestra raza y tu eres el instrumento- concluyó Serene desplazándose  hacia la espesa bruma, sólo quedo una silueta andando en la oscuridad…
-           
-Manfred despierta, ya has dormido lo suficiente- Dijo Marant atizándole del hombro.
 
De repente Manfred se dobló para sentarse en la cama. Múltiples gotas de sudor resbalaban por su cuerpo y la angustia de la pesadilla le corría en su tembloroso cuerpo.
 
-          En la mesa tienes el desayuno – continuó Marant mientras que sacaba del suelo una serie de libros antiguos apilados.
 
Manfred comenzó a beber aquella curiosa infusión, estaba extremadamente caliente, entre sorbo y sorbo se quedó con la mirada perdida en los libros, estaba recordando aquella pesadilla, le había parecido tan real, era como si esa noche hubiera estado de nuevo en ese campo, de repente, se le ocurrió una de las preguntas que le prometió Marant.
 
-¿Quién son los Kaenitas? – Le preguntó a Marant mientras soltaba aquella Taza.
 
Marant giró sobre si mismo mostrándole una  cara de felicidad:
 
-Tengo una sorpresa para ti Manfred- Dijo Marant con Gran ilusión.
 
Marant agarró la mano de Manfred y juntos salieron al exterior.
 
Manfred no podía creer lo que estaba viendo antes sus ojos, era su madre Syriana, estaba allí a los lejos acercándose hacia Él, una gran alegría mostró Manfred en su adormilado rostro.
 
-¡Mamá!- comenzó a correr de forma apresurada hacia su madre.
Una vez llegada a ella pegó un salto y la agarró de un abrazo.
 
-¡Thecshin Hac skell!- murmuró Marant.
 
De repente Manfred comenzó a notar en los brazos de su madre, sus músculos, se hacían mas fuertes y voluminosos, en seguida Manfred se separó enseguida, su madre se empezó a transformar en una figura horrenda sin rostr…  ¿un Kaenita?, Corrió como una liebre hacia Marant, Marant le recibió con un abrazo protector, El monje cerró los ojos recitando de nuevo las palabras en la lengua antigua y la horrenda criatura desapareció en la nada.
 
-          Cálmate Manfred- susurró Marant al oído del muchacho.
-          Me dijiste que te dijera que o quien eran los Kaenitas y me he introducido en tu mente para que vieras una ilusión de la  verdadera cara de estas criaturas- dijo Marant a la vez que se separaba del pecho de Manfred agarrándole por los hombros.
-          ¡Ven!- dijo Marant agarrando a Manfred de la mano, corrieron hacia un pozo de piedra cerca de la casa, Marant lanzó el cubo hacia el oscuro agujero, izó el cubo y se le postró delante de Manfred.
-          ¿Qué ves?-  preguntó Marant mostrando aquel pequeño cubo de madera lleno.
 
-          Agua- contestó Manfred con una mueca de deducción
 
-           ¡Eso es!- dijo a Manfred guiñándole el ojo.
 
-          Son criaturas sin formas en su primera fase de adaptación, se alimentan de tus recuerdos, pensamientos, actitudes y aptitudes. Se dice que son capaces de clonar de completamente en una persona- siguió comentando.
 
-          ¡Mira!-  dijo Marant a la vez que cogía el cubo y lo llenaba en un Pebetero que había unos metros más adelante.
 
-          Ahora el agua tiene forma rectangular, cuanto antes era circular; eso son esas criaturas, le vale cualquier recipiente para poder adaptarse, sólo necesitan de que tu conectes con ellos en amor, amistad…, que los cuentes cualquier sentimiento y poco a poco te irán quitando la vida, tu Vida hasta que ellos sean realmente… Tú. – Terminó Marant con un golpe al pebetero como si él hubiera perdido a algún ser querido por uno de estos seres.
 
-          Manfred, su primer estado son gentes sin rostro, son los neonatos y suelen ser los primeros recién nacidos que se alimentan de niños como tú Manfred, luego pueden adaptarse de los niños a padres y así hasta destruir familias enteras, en menos de cincuenta años, clonan investigan hasta ser tu perfecto clon, ellos viven tu vida y antes de ser viejos vuelven a absorber a otra persona, por eso viven eternamente, hubo una gran batalla en la ciudad de Thet- sun  donde murieron muchas familias de Ruethianos, se mataron entre ellos pensando que eran Kaenitas en la gran batalla del “Sol muerto”, fue una masacre Manfred, todo fue un caos, hasta que en Thet-Sun encontraron los primeras bestias, Los Urs… capaces de ver el aura de los seres vivientes, pero ya te contaré más historias pequeño discípulo, antes de conocer a estas criaturas te voy a enseñar quien eres tú, que creo que lo han estado ocultando durante tu nacimiento, va a ser una educación dura pero fructífera…- terminó Marant con la respuesta a la pregunta de Manfred.
 
Ahora Manfred lo entendía todo, tantos cuerpos muertos en las cloacas, el caballero del sol custodiándolas, toda su ciudad fortificada, todos aquellos cuento de niños para tener engañada a una ciudad ante el peligro inminente, ahora entendió del error que cometieron el grupo de amigos, Manfred rápidamente empezó a ver con claridad, empezó a crecer y no ser el niño ingenuo que en días pasado fue, comprendió que toda su ciudad ahora estaba en peligro… podía ser Iris o Roque o cualquier persona un Kaenita dentro de la ciudad de The-Sun, ahora se encontraba en una situación de impotencia, su mente encontró en un conflicto; un sueño donde había una mujer que le decía que estaba en peligro por los Ruethianos y en la realidad un monje que  decía que estábamos en peligro por los Kaenitas.
Mientras que Marant veía aquella imagen de Manfred con una mirada perdida y pensativa le comenzó a preparar los primeros libros de iniciación de  los Tharkiitas, todos lo que debería saber de los Kaenitas, todo se resumía en cinco volúmenes que abarcaban desde su primera aparición en la vida de los Ruethianos hasta la batalla de Sol Muerto, abrió un baúl de piedra con un gran esfuerzo, sacó una gran vela para que Manfred pudiera ver en ese oscuro salón y con un simple dedo encendió la vela de aquel gran cirio.
 
-          Ya puedes empezar a leer mi pequeño discípulo- dijo Marant  a la vez que se echaba las manos de los bolsillos buscan una llave en concreto.
-          Recuerda… el conocimiento es poder, comienza adquiriendo un poco con estos volúmenes que te he dejado encima de la mesa, voy a hacer un viaje largo, tendrás tiempo de estudiar, en esa arca de piedra te he dejado víveres para una semana- dijo Marant a la vez que cerraba aquella puerta.
 
-          Clonck-  un giro de llave hizo vibrar aquel metal.
 
 
Manfred miró alrededor, se sentía solo, confundido y apresado, al principio le parecía aburrido leer, pronto fue a mirar el arca donde esperaba ver algún dulce, pero sólo pudo ver, carne seca, todo tipo de verduras frescas, todo estaba bien organizado y guardado en aquella arca fría para toda una semana.
 
Manfred comenzó el primer día coger y a jugar con los libros, se creía el gran hechicero de Thet-Sun creando sortilegios para  salvar a la ciudad. Al segundo día Manfred comenzó a llorar, quería ver a su madre, quería jugar con sus amigos, comenzó a golpear aquella gran puerta, pero solo oía el viento soplar en aquel desolado lugar.
 
Al tercer día Manfred despertó y se hizo su primera fría infusión con los víveres que tenía en aquella arca, y del gran aburrimiento comenzó a leer aquellos largos y tediosos volúmenes.
 
Sopló en unos de los primeros libros, había una gran inscripción en el centro, era un símbolo que parecía una gran llama, pero había debajo del mismo unas palabras que no era capaz de leer, comenzó por la primera hoja y sorprendentemente había dos párrafos de igual estructura, la primera parecía del mismo tipo de lenguaje que el titulo de la portada que no era capaz de entender y abajo tenía la traducción en su idioma; el primer título del libro decía: Los Ruethianos y el Fuego.
 
Manfred, comenzó a leer y a leer durante toda la semana, cada cierto tiempo iba a por víveres al arca y continuaba leyendo en su cama, con las piernas dobladas y el libro postrado encima de las mismas, todo le parecía cada vez más interesantes e iba pasando día tras día en aquella casa de piedra desolada.
  1. txusky21 dice:

    Me encanta la descripción de los kaenitas y algunas cosas se van comprendiendo. No entiendo muy bien porque le tienen encerrado y solo si no está preso. ¿Solo están el monje y él en ese lugar?

    • roberto dice:

      Ten en cuenta que Marant sabe perfectamente que Manfred es un niño y no puede dejarle libre en esas montañas,y verás que recalco mucho que echa de menos a su madre, realmente ha sido un secuestro de los Tharkiitas, Marant sabe que si le deja libre, buscará la forma de buscar a su madre.

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